Los dioses se han reunido para tomar una importante decisión: Destruir o no a la humanidad tras 7 millones de años de existencia. Cuando concluyen que es mejor acabar con ella, una valkyria llamada Brunhilde les pide una oportunidad para que los hum...
Como si tuviera la agilidad de un gato, Simón arremetió contra su rival cortando su cuerpo con el filo de su espada y abrumándolo con estocadas que parecían venir de todos lados, dejando imágenes residuales a su paso. Pero, y aunque iba tomando la delantera, los charcos de agua formados en el suelo comenzaban a hacerlo resbalar, perdiendo así su equilibrio y tambaleando en el proceso.
El libertador cambió su estrategia, se apartó del dios deslizando sus pies por el suelo e inmediatamente tomó impulso para acercarse a él de nuevo, apuntando directo a su yugular. No obstante, Tlaloc detuvo su espada en seco con su mano, aprisionando la hoja en medio de sus dedos, lo que le provocó un pequeño sangrado.
Reconociendo su destreza, el humano volvió a deslizarse hacia atrás para liberar su arma, agravando la herida y generando un corte un poco más profundo, haciendo que varias gotas de sangre divina cayeran al suelo y se mezclasen con el agua de la lluvia.
Tlaloc llevó a cabo una ofensiva nueva gracias a sus potentes corrientes de agua. Sin embargo, este nuevo chorro era diferente; Era mucho más fuerte, más agresivo, como si la lluvia que caía lo hiciese aún más poderoso. El golpe hizo salir volando a Simón, quien acabó estrellándose en el suelo y creando una gran grieta.
Sí, él definitivamente se había roto un par de costillas, aunque en realidad poco le importaba.
— ¡Simón! ¿Estás bien? —Geirönul apareció detrás de él, bastante preocupado.
— Sí, tú tranquilo, la verdad es que estoy disfrutando esto. —contestó con una sonrisa que resultaba algo perturbadora.
— Lo sé, pero ten más cuidado ¡Tenemos que asegurar esta victoria!
— ¡Nuestra victoria está más que asegurada! Sólo quiero alargar esto, sino sería muy aburrido.
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Geirönul suspiró— Ay, Simón, eres un caso perdido.
Tlaloc avanzó velozmente hacia el libertador, quien se levantó con un poco de dificultad y se puso en posición de pelea haciéndole creer que lo atacaría cuando estuviera cerca, pero apenas el dios intentó golpearlo este evadió su ofensiva y se impulsó con una de las paredes de una casa para subir nuevamente al techo.
Ya arriba comenzó a patear algunas tejas y lanzarlas hacia su oponente, burlándose de él en el proceso; El dios arremetió contra la pared, golpeándola con sus chorros de agua que cada vez iban cobrando más fuerza y más fuerza, haciendo que la estructura empezara a tambalear.
Bolívar se vio obligado a saltar del techo al suelo, pues la edificación colapsaría en cualquier momento y eso resultaba bastante peligroso. Hizo una voltereta y cayó al suelo de la calle contraria en la que Tlaloc no sería capaz de verlo.
Cuando el hogar finalmente se hizo pedazos, la deidad se percató de que su oponente ya no estaba en los alrededores, o al menos eso creyó, pues el sonido de las pisadas de Simón sobre los charcos de agua detrás de él le ayudaron a ubicarlo con facilidad; El objetivo del humano era llevar a cabo un tajo en contra del dios, no obstante este consiguió esquivarlo por los pelos gracias a que lo había localizado con anterioridad, aunque claro no fue capaz de evitar que el único daño fuese un corte directo hacia su rostro.