¿Quién fue? II

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By Luisebm7

La directora y Pascual desaparecen por la puerta y con ellos el aura tenebrosa, dejando un rastro de incertidumbre entre nosotros.

—¿Qué crees que habrá hecho, Patri? —le pregunto y me doy cuenta de que está sudando y sacudiendo las piernas a gran velocidad—. ¿Y a ti qué te pasa?

—¿Eh? ¿A mí? Nada, nada —responde Patricia agitada—. La directora, que me pone nerviosa. Le van a partir las piernas a Pascual.

—¿Tú sabes algo? —Vive el miedo de Pascual en sus propias carnes. Esto es extremista.

—¡Que yo no sé nada, Ana!

—Chicos, bajad la voz —nos riñe el profesor.

—Vale, no hace falta que me comas. —Patricia se ha puesto muy rara.

—Lo siento. Sigamos con lo del poeta, ¿vale? —dice Patricia.

—Sí, dale. Ya nos enteraremos de lo que ha pasado con Pascual.

Gracias a la ayuda de Patricia puedo perpetuar mi plan. Voy a cazar a ese casanova, como que me llamo Ana Álvarez. Va de listo y de culto, pero no dejaré que se luzca delante de Laura. ¡Qué ganas tengo de que sea mañana! Cuando lo tenga cara a cara y le corte las alas no le quedarán intenciones de seguir conquistando a mi Laurita. Se aproxima tu fin, poeta.

***

Regreso a mi aula para la tercera hora de clase. Tan solo entrar por la puerta y mi mirada se conecta con la de Laura. Nos sonreímos. Ella permanece en su sitio terminando de apuntar algo en su cuaderno. No la pierdo de vista mientras me dirijo a mi puesto, ni siquiera presto atención a los alumnos de otros grupos que se marchan. Le acaricio los cabellos como si palpara una seda exquisita al pasarle por el lado.

—¿Cómo ha ido, Laurita? —le pregunto tras sentarme.

—Bien. Hoy se ha puesto una chica del grupo C a mi lado. Era un poco pesada, me hablaba mucho —me cuenta—. ¿Y a ti cómo te fue?

—La próxima vez le dices que si tiene complejo de loro. —Me río de mi propia malicia—. No, no seas cruel, pero que no te moleste. Pues, ya que mencionas el grupo C, la directora ha aparecido en el aula de informática y se ha llevado a un alumno de ese grupo. Estaba muy enojada. Hacía tiempo que no la veía así. —Prefiero ahorrarme lo de sus fans y lo del poeta. Ya tengo suficiente, ¿no?

—¿Por qué sería? —pregunta Laura.

—Ni idea.

—Cuando hablé con la directora el lunes, me dijo que castigaría severamente al responsable de subir el vídeo en la plataforma. ¿Habrá descubierto que fue ese chico?

—Podría ser, pero no me suena haberlo visto en la fiesta. Eso no quita que pudiera estar por allí, con la de gente que había... Todavía me acuerdo del día que te presentó la directora. Debiste caerle muy bien porque prometió convertir la vida del que se metiera contigo en un infierno. Podría ser el caso de Pascual. ¿Qué más te dijo la directora? —pregunto con curiosidad.

—Eso es porque le gustó mi expediente académico. Cuando me admitió, me dijo que subiré la media del grupo A y que eso favorecerá la reputación del instituto. Por eso quiere cuidarme, me dijo que cuente con ella para lo que necesite. —Increíble. La dulzura de Laura ha cautivado a la directora hasta ese punto—. El lunes me dijo eso que te conté, que será dura con el responsable. Me pidió que no hiciera una demanda pública, pero que me apoyaría si necesitaba hacerlo para sentirme mejor.

—No quiere que salga a la luz para no perjudicar la imagen del instituto. Podría perder subvenciones si se refleja que no saben controlar a sus alumnos y que no toman medidas de seguridad apropiadas dentro de sus puertas, ya que el vídeo fue subido en la plataforma de la revista del centro. Si fue Pascual y lo quieres denunciar, lo haremos. De todas formas, haré que se arrepienta como para que no vuelva a hacer una cosa así en su vida. —Otro objetivo para mi lista negra. Aunque me cueste una expulsión, lamentará lo que hizo.

—No importa, Ana. No quiero que tengas problemas por mí. —Laura me frota el muslo. Esa piel tan cálida y suave sobre la mía—. Ya me ayudaste con tu consejo y ha funcionado. Si fue él, el castigo de la directora será suficiente. No quiero complicarnos la vida.

—¿Estás segura de eso? Solo tienes que pedírmelo y yo me encargo de hacer justicia por ti.

—Sí, segura. Pero te agradezco las intenciones.

Pongo mi mano sobre la suya para que no la quite de mi pierna.

—Vale. —Le sonrío.

Y aparece la profesora que rompe con el momento. Me veo obligada a soltar su mano, a liberar un pajarito en contra de mi voluntad.

***

La clase de Inglés termina con el timbre que anuncia el recreo. Recojo mis cosas para salir al patio. Espero encontrarme con Claudia y hablar con ella, la echo de menos.

—Date prisa, osita perezosa —le digo a Laura al ver que sigue tan tranquila escribiendo en su cuaderno.

—Adelántate, Ana. Me quedan dos oraciones y de aquí iré al baño. Nos vemos en el patio. —Siempre tan aplicada. Quizás sea mejor así para azucarar a Claudia mientras espero a Laura. Estaría bien que hicieran las paces para poder juntarnos las tres.

—Vale, pero no tardes mucho. —Le rozo la mejilla con suavidad.

La dejo atrás junto con otros compañeros. Me adentro en el pasillo convertido en un panal de abejas alborotadas. Es miércoles, el peor día de la semana. No, el lunes es el peor siempre. Pero viene la cuesta abajo para el fin de semana. Da igual, tengo cosas más importantes en las que centrarme.

Junto a las puertas de acceso al patio distingo a Claudia. Impaciente, escribe en su teléfono. Al poco tiempo vibra el mío. Ha tenido que ser ella enviándome un mensaje. Es adorable. Ondeo un brazo mientras termino de bajar por las escaleras y entonces me ve. Sale a mi encuentro y me abraza con fuerza.

—¡Ay, amiga! ¿Cómo estás? ¿Cómo lo llevas? —me pregunta preocupada.

—Mejor. Estoy triste, pero lo estoy superando mejor de lo que pensaba. Busquemos algo de intimidad para hablar —propongo y nos vamos a las escaleras del patio, desde donde vemos toda la cancha exterior.

—Si se me quería partir el alma cuando escuché tu voz. Nunca te había visto tan, tan mal. Lo que te ha hecho Eric no tiene perdón. Que conste que no le he dejado la cara caliente porque me lo pediste. Me da una rabia. Te lo presenté porque me pareció que era lo mejor para ti y que podrían gustarse, pero nunca imaginé que llegara a portarse como un imbécil contigo —se desahoga Claudia. Ella también está molesta.

—Dímelo a mí. Dos años de relación tirados a la mierda como si nada, por la zorra de Daniela. ¿Qué le puede dar ella que no le dé yo? Le he guardado respeto, he cambiado para bien, ayudo en la casa, siempre estoy dispuesta a hacer el amor, nunca discuto. ¿Qué más quería? ¿Es por ser un poco celosa? Pues sí, lo soy, pero no creo que me merezca lo que me ha hecho por amarlo. —Sigo expulsando toxinas de mi interior.

—Tú no tienes la culpa de nada. El que ha fallado es él. Lo que te ha hecho es una mierda. A una persona que amas no la engañas de esa manera y menos con esa, que todo el mundo sabe lo facilona que es. Verás que volverá a ti llorando cuando ella le dé la patada o lo engañe con otro. Es más, espero que lo engañe para que vea lo que se siente.

—Y encima va y me acusa de lo del vídeo de Laura. Te lo juro, me dolió mucho que me insultara y me tratara como una mierda. Eric nunca había sido así conmigo. La puta de Daniela le ha lavado el cerebro.

—¿Y tu cuñada que dice de todo esto? ¿Lo sabe? —pregunta Claudia.

—Sí lo sabe, se lo tuve que decir. Me iba a ir de la casa cuando ella apareció. Al final me convenció para que no me fuera. Ella confía en su hermano. Me dijo que hable con él y que intente arreglarlo —respondo.

—Esa niña no sabe ni lo que dice. Claro, como no le hicieron daño a ella. Defenderá a su hermano como sea. No seas tonta, no le hagas caso. Perdonarle una infidelidad sería rebajarte y aceptar que te vuelva a engañar. Así se empieza y estoy segura de que tú no quieres eso. Tú vales mucho para dejarte pisotear de esa manera. Que se jodan esos dos.

—A ver, tampoco así. Laura no es como piensas. Ella también me apoya, pero tiene la esperanza de que Eric y yo nos arreglemos por las buenas. —Prohibidos los ataques a Laurita.

—Esa niña te tiene ciega. ¿Por qué siempre la estás defendiendo? Es una oveja negra. Llegó y trajo los problemas consigo. —Claudia la tiene crucificada.

—Porque yo paso más tiempo con ella y sé cómo es. Ella no tiene culpa de que Eric me esté engañando ni de nada más. ¿Me vas a decir que ella le escribía que no se acostara conmigo desde hace tiempo? Si ni siquiera mantenían el contacto. Dale una oportunidad, Claudia. Si la tratas con amabilidad, ella lo hará contigo. Creo que ella tiene dificultades para forjar amistades y yo intento ayudarla. Ayúdame tú también, por favor. Te aseguro que no tiene ningún interés en Adrián, si es lo que te preocupa. —Si con esto no la convenzo, me daré por vencida.

—¡Uf! Mira, Ana, haré un esfuerzo por ti, porque te ha tocado una situación indeseable. Solo se la desearía al propio Eric y a Daniela —dice tras pensárselo un poco.

—¡Ay, te amo! —La abrazo repleta de alegría. Que acepte a Laura significa mucho para mí—. ¡Eres la mejor de las amigas!

—Vale, vale, pero no seas tan babosa. ¡Argh! ¡Empalagosa! —¡Qué teatrera es!

—Esto me hace sentir mucho mejor. Si lo mío con Eric se jodió, por lo menos me quedan otras cosas.

—¿Y qué piensas hacer ahora? Míralo. Allí está sentadito, tranquilito entre sus colegas. Seguro que está presumiendo de su vida sexual con su amante. —Claudia indica la zona junto al muro al otro lado de la cancha, el puesto habitual de los veteranos del instituto.

—No lo sé todavía. Pensaba darle unos días y luego definir.

—No prolongues el sufrimiento. Tú misma me lo has dicho muchas veces, así que reacciona y haz lo que predicas. Déjalo de una vez. Corta tú. Que vea que se pierde a una mujer de verdad. Es él quien se lo pierde. Si estás más buena que el pan, por ti me haría lesbiana —bromea Claudia y reímos.

—¡Qué tonta eres! Pero tienes razón. Me he dejado humillar demasiado. No se lo pienso consentir. —Me envalentono.

—¡Así se habla, amiga! ¡Ve y patéale el culo a ese puto infiel! ¡Quítate ese muerto de encima! —Claudia me incita, me anima, y produce el efecto buscado.

—Como que me llamo Ana Álvarez, Eric se va a la mierda —digo decidida.

***

"Eric se va a la mierda. Eric se va a la mierda. Eric se va a la mierda", me repito en mi cabeza mientras atravieso la cancha. El muy cabrón está sentado entre sus amiguitos riendo como si nada. Un novio preocupado y bueno estaría pensando en arreglar la situación, en reparar lo que ha estropeado. Si seguro que habría sido tan tonta que lo habría perdonado con una explicación plausible de su infidelidad. Pero Eric se va a lamentar.

Estoy que me prendo como una antorcha. Quiero gritarle, abofetearlo, ridiculizarlo delante de todos. Que todo el mundo sepa quién es este cobarde infiel porque estoy segura de que a la que venderán como mala es a mí. Pero no le daré ese gusto, ni a él ni a Daniela. Por muy alterada que esté, me portaré como una chica madura.

Eric me ha visto. Enseguida se le borra la sonrisita de la cara y mira para otro lado. ¡Qué poca vergüenza! No sale ni a mi encuentro. Muy bien, que asuma las consecuencias.

Me planto delante de él más seria que la directora McCarthy. Sus colegas me miran de reojo. Se hace un silencio absoluto a nuestro alrededor. No sé si saben lo que ocurre entre nosotros, seguramente sí, pero me conocen y apuesto a que intuyen que no vengo con ganas de hacer amigos. Y Eric no abre la boca.

—Eric, tenemos que hablar —digo con sequedad.

—Aquí no, Ana —me dice sin mirarme a los ojos.

—Pues será aquí y ahora. No tengo ningún problema en decirlo delante de tus amiguitos, si es lo que quieres. —Resopla por lo bajito. Bien.

—Vale, vamos. Ahora vuelvo, gente. —Se cree que esto será un segundo. No me da ni valor. No lo soporto.

Lo hago andar hasta la mitad de la cancha de baloncesto, donde nadie nos moleste por mucho que nos miren.

—Tú dirás —me dice cuando estamos cara a cara.

—Mira, Eric, no le daré muchas vueltas al asunto. No sé si te piensas que soy un juguete o qué, pero no me dejaré pisotear por ti. Si no monto un escándalo, es porque todavía pienso en los buenos momentos que vivimos y en lo que me has aportado desde que nos conocimos. —Eric luce tan molesto como desconcertado—. Ya que no tienes lo que hay que tener para tomar una decisión y te refugias insultándome y hundiéndome en la mierda, daré el paso por ti porque yo sí me doy mi lugar. Eric..., lo nuestro se acabó.

Ha muerto una parte de mí al pronunciar esas duras palabras.

—¿Qué? ¿Cómo que se acabó? ¿De qué estás hablando? —Eric se ha quedado más pálido de lo que es.

—¿Encima quieres que te lo repita? Eres increíble. Se acabó, Eric, se acabó. Estoy rompiendo contigo.

—¿Q-Qué dices? Pero yo no estoy rompiendo contigo. —La voz se le afloja.

—¿Eres tonto o qué? Se terminó, Eric. Ya no hay más "nosotros". Deberías estar contento. —¿Qué se cree, que me tiene que autorizar para dejarlo?

—Que no, Ana. Que esto no puede terminar así.

—Eric, que no quiero darle vueltas. He ido por la vía más pacífica posible para terminar bien. Déjalo ya. —Intento darle la espalda, pero me retiene por la muñeca.

—¡No, Ana! —Se le saltan las lágrimas en ese rostro que lucha por mantener la firmeza. Es todo un actor—. Que esto no puede estar pasando por un enfado. ¡No, joder!

—Eric, suéltame. —Escapo de su mano con rabia, como si me desprendiera de todo nuestro amor—. No necesito excusas ni explicaciones. Ya está.

—¡Joder, Ana! —Eric persiste en mostrarse dolido y vuelve a cogerme por la muñeca—. Yo no puedo estar sin ti. Hablemos, por favor.

—¡Eric, déjame! —Me nace mi tono de debilidad. Me estoy creyendo su teatralidad y no quiero caer en su red como una tonta. Trato de huir.

—¡Ana, por favor! No me hagas esto. ¡Ana, te lo ruego! ¡Ana! —El labio le tiembla igual que su voz. Sus lágrimas estimulan las mías. ¡No quiero!

—¡Eric, déjame! ¡No me sigas! No quiero llorar otra vez. Bastante he llorado por ti —digo y corro, dejando que mis lágrimas se las lleve el viento que golpea mi cara.

—¡Ana! —me llama, pero tengo que ser fuerte.

Dolida y avergonzada, paso entre la gente. Ana Álvarez llorando y huyendo, nadie habría apostado por eso. Cuando doblo para tomar las escaleras miro fugazmente hacia la cancha. Eric sigue allí, se cubre los ojos con sus manos. No me importa. Solo quiero desahogarme y escapar lejos de todas esas miradas acosadoras.

—¡Ana! ¡Ana! —Claudia intenta alcanzarme.

—¿Ana? —Es la voz de Laurita también.

Pero no me detengo. No quiero mirar atrás. No puedo.

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