II. Café

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Theme from New York, New York suena por lo bajo en los altavoces de aquella desordenada oficina. Junto con murmullos, sorbos de café y lápices siendo usados contra el papel. Ideas volando y siendo compartidas. Risas estridentes o prudentes. Suspiros cansados y arrastres de sillas. Había de todo en aquel espacio libre en la empresa, pero era su unidad cotidiana de trabajo y con el paso de los años, había aprendido a apreciarla. 

Rachel, con su sonrisa de siempre y su vestido negro holgado, ojos dulces y cálidos como el ámbar; tomaba la mano de April. Compañera fundadora encargada del área de diseño, con trajes y abrigos diferentes cada día. El de hoy era de un tono azul profundo, que oscurecía sus ojos azules y resaltaba su rojo cabello. Ambas en su mundo, sonriéndose mutuamente y moviéndose al son de la canción. Una de las mujeres le da vuelta a la otra, para que cuando regrese, pueda tomar su cintura con la misma delicadeza de antes.

Louis que ha sido espectador desde que comenzaron a bailar -junto con sus demás colegas quiere suponer- pasa su mano por su cabeza, desordenando su cabello y dejando escapar lo que parece ser un resoplido. Sus ojos azules siguiendo los pasos de las chicas frente a él.

Encuentra certeramente tierna la escena. Como, de un momento a otro, April se había levantado de su lugar al reconocer la canción, y tomó la mano de Rachel llevándola al centro de la habitación. Sin importar las miradas, los juicios o las críticas. Bailó porque era su deseo, restándole importancia a lo banal.

Su espacio de trabajo eran tan cómodo y libre que las personas incorporadas a la Editorial podían darse aquellos lujos; bailar una canción en medio de su jornada. Con público y oyentes, aplausos para la pareja al terminar.

A Louis le gustaría tener a alguien con quien bailar. Forma un mohín de inconformidad ante el pensamiento, que pasa desapercibido por los demás.  Apoya su barbilla en la palma de su mano derecha, recargándose en la superficie de la -extremadamente larga- mesa de madera. Y suspira, mientras parpadea perezosamente.

La escena protagonizada por sus compañeras de trabajo le trae paz, como si, a pesar de los problemas en el exterior, aún fuese posible encontrar felicidad en lo que muchos seres humanos considerarían común. Le agrada.

Una carcajada estruendosa lo sacó de sus pensamientos. Aburrido, dirigió su vista al lugar de donde había provenido el sonido, sin cambiar su postura ni un poco.

—Oh por todos los cielos.— Más risas. Como si no hubiera tenido suficiente de ellas con su familia.

—Lo juro, lo juro, fue el término de año más extravagante que he tenido. Él sólo se aventó a la alberca después de cantar en el karaoke, con micrófono y todo.— Louis se siente perdido, no entiende de qué hablan. Si fuera un meme, el símbolo de cuando algo está cargando abarcaría el mayor espacio de su frente, con su boca ligeramente entreabierta, tratando de procesarlo. Cree haber visto uno así.

—¿Tu amigo está bien?

—Si, es decir, físicamente tan bien como puede estar. Pero su novio y él pelearon días después, al parecer Edward iba a pedirle matrimonio esa noche y él se puso ebrio y lo arruinó. No fue un buen momento.

Silencio. El castaño no necesitaba un contexto para decir lo que su cerebro exigía expresar. —Mieeerda.— Soltó Louis.

—Lo sé, eso fue jodido.— Contestó el hombre a su lado.

—Al menos le dieron tragos gratis por su espléndida participación en el karaoke.— Opinó animada Rachel, que había llegado en el momento preciso cuando la tragedia fue mencionada. Arrastrando su silla hacia atrás para poder tomar asiento.

Louis la miró incrédulo, con su boca ligeramente abierta. —Podría haber sido la noche de su vida tonta, unos cuantos tragos no lo compensan.

La mujer hizo un ademán con su mano, haciendo sonar las pulseras que traía consigo. Y lo observó con sus grandes ojos mieles, que trataban de transmitirle pensamientos aún más profundos. —Las cosas siempre pasan por algo mi querido Louis, tal vez no era el momento indicado.

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Iba a responderle en el instante en que una bola de euforia y cariño llegó corriendo para estrecharlo fuertemente entre sus brazos. —¡Louis! Estoy tan contento de verte. Quería desearte personalmente una feliz Navidad, pero no llegué a tiempo, te fuiste a Londres antes. Mírate, este año si que pinta bien para ti...— Decía entre cálidos e intermitentes abrazos, cambiando los temas de conversación como si de ropa en un estante se tratase.

Louis devolvió el abrazo como pudo, adivinando de quién se trataba, reconociéndolo al escuchar su voz, colocando sus brazos sobre los de la persona recién llegada. Sin embargo, no pudo hacer mucho para responderle ya que otra voz a sus espaldas terminó con el familiar momento.

—...Y esto de aquí es el área de trabajo común, en donde los fundadores de la Editorial se reúnen a trabajar conjuntamente. Ya sea para intercambiar ideas o apoyarse mutuamente. Es en donde pasarán el mayor tiempo de sus pasantías, distribuyéndose en el área en donde desean laborar.

Louis se deshizo del abrazo cuidadosamente y se levantó lo más rápido que su cuerpo y mente -tomados con la guardia baja- le permitieron. Sus compañeros, en sincronía, hicieron lo mismo.

Parándose formalmente, con las manos en los bolsillos de su abrigo negro, postura erguida y sus lentes colocados en el respectivo lugar de su rostro, Louis dirigió la mirada a todas aquellas personas que habían sido seleccionadas para trabajar temporalmente en la Editorial. E incluso, si demostraban sus habilidades, podrían llegar a obtener un puesto permanente.

—Permítanme presentarles a los fundadores de la Editorial. Louis, Editor en jefe...— El castaño inclinó la cabeza en una señal de respeto, provocando que su flequillo ya largo descansara delicadamente sobre sus ojos. Alzó suavemente una mano para retirarlo de su visión. —Rachel, directora de marketing, Mason encargado del área administrativa, Andrew director de producción y April directora creativa.

—Ellos serán los encargados de orientarlos y...— Louis se perdió en la explicación. Su vista se tornó opaca y luego nítida, sus latidos se aceleraron y sus oídos emitieron un pitido extraño. Todo a su alrededor seguía su cauce cotidiano, y él podía sentir como la sangre corría por sus venas, el aire recorría sus pulmones y los abandonaba, como su corazón latía en un ritmo acompasado. Se sentía vivo, literalmente.

Lo que sus ojos veían era algo poco concordante respecto a sus creencias. De frente a él, en su espacio de trabajo, se encontraban los mismos ojos verdes, los mismos rizos castaños y la misma piel suave. El brillo, la claridad y el raciocinio. Como si todo cobrara sentido con el simple hecho de apreciarlo. El hombre del aeropuerto estaba de pie frente a él y apostaba que tenía la misma cara de incredulidad y estupefacción que el propio Louis.

—...cada uno de ustedes tiene ya el área asignada en dónde trabajarán, siguiendo las órdenes y sugerencias de los respectivos encargados, que en este caso serán a quienes acabo de presentar. ¿Alguna duda? — Louis, regresando a su realidad por la cálida mano que lo sujetaba del antebrazo, vio a los pasantes negar.

—Perfecto, el recorrido termina aquí, cualquier objeción respecto a su trabajo deberán tratarlo directamente con sus superiores. Espero que disfruten su estancia aquí, y sobre todo, se esfuercen en demostrar que son dignos candidatos para un puesto permanente en una empresa tan reconocida como la nuestra. Y por favor, diviértanse, que la vida se trata de ello. — El hombre encargado de dar la bienvenida a los pasantes -Liam, uno de los mejores amigos de Louis- juntó sus manos y les dirigió una tenue sonrisa acompañada de una mirada ámbar, para después retirarse a alguna parte remota del lugar.

La mano que seguía sosteniendo su antebrazo lo sacudió un poco, logrando llamar la atención de Louis y haciendo que sus ojos dejaran de observar a su alrededor. Enfocó su mirada azul en el hombre de ojos mieles y pestañas seductoras, cabello oscuro como la misma noche, o como Salem -el gato de Sabrina- que le dirigía una sonrisa. —Debo ver a Niall, le he traído algo. Vendré más tarde, ¿si?

champagne lovers | l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora