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"Cincuenta y seis elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña, como veían que resistía, fueron a llamar otro elefante."
Creo que, por primera vez en mi vida, no había prestado atención a una clase completa. Sin darme cuenta, el pizarrón estaba lleno de números, y yo no había tomado ni un solo apunte.
Jeon Jungkook, ¿qué has hecho conmigo?
Porque me había pasado toda la clase observándolo mientras, en mi mente, repetía cincuenta y seis veces la canción de los elefantes. No me malinterpreten, siempre lo observaba, pero mi mente había desarrollado la capacidad de prestar atención a dos cosas a la vez.
O, mejor dicho, a prestar atención a Jungkook y a cualquier cosa que estuviera pasando detrás.
Hoy había sido diferente, porque la valentía y fuerza que había tenido hace dos días habían desaparecido completamente. Me estaba tratando de convencer de que seguían ahí, bien escondidas, pero ahí estaban.
Ayer iba a continuar con mi grandioso plan titulado "Jungkookie será mi amigo, le guste o no". Llegué al salón con toda la fuerza que nunca había tenido en mi vida, ni siquiera cuando devolví un libro a la biblioteca después de la fecha de devolución, pero mis planes se derrumbaron porque olvidé un detalle.
El chico que me gusta me intimida... ¡y demasiado!
Iba a darle mi usual "buenos días", pero apenas se sentó, en solo quince minutos ya había insultado a todos los que se le acercaron. Y sé perfectamente cuando está enojado: su ceño se frunce de forma perfecta, empuja la mejilla con la lengua y aprieta las manos en puños.
No era lo suficientemente fuerte para eso.
Así que solo me encogí en mi asiento y suspiré, deseando que fuera solo un mal día.
Y, al parecer, sí lo era, porque hoy había llegado como siempre, sumergido en sus pensamientos y en la música de sus audífonos. Esa clase fue completamente diferente, mi mente estaba en él y en cómo le hablaría cuando terminara la clase.
Los números podían esperar; Jeon Jungkook siempre iba a ser más importante.
Por suerte, el timbre sonó, sacándome de mis pensamientos.
—No olviden hacer los ejercicios de la página veinte. Los revisaré la próxima clase y habrá examen, así que estudien —dijo el profesor antes de salir del salón.
Diablos. Ahora tendré que arreglármelas para entender el tema que ignoré con todas las intenciones del mundo.
Era cambio de clases, así que todos comenzaron a conversar entre ellos. Bien, mi momento había llegado, de nuevo.
Recordé las palabras de mi mamá antes de salir de casa, después de pasarme todo el desayuno quejándome de lo complicada que era mi vida.
"Es un chico como cualquier otro, cariño, y tú eres lo suficientemente lindo como para que siquiera te hable mal o te haga algo. Tú hazlo, campeón."
Sí, no era un chico como cualquier otro. Era mis ojitos de estrellas, el chico de mis sueños, el chico por el que acababa de ignorar completamente una clase.
Si mamá supiera esto último, de seguro se desmayaría.
—Holi... —Toqué su hombro, tratando de llamar su atención—. ¡Holaaa!
Me estaba ignorando, lo sabía, pero un sabio decía "El que insiste, alcanza"... Creo que así era.
—¿Qué quieres, pesado? —Hasta que por fin volteó, y yo solo pude sonreír nervioso.
—Eh... ¿Cómo estás?
—¿Necesitas algo? ¿Se te perdió algo? —Parecía indiferente, pero ¡Hey! Al menos me estaba hablando.
—No, no, solo... solo quería hablar contigo.
—¿Por qué?
—Porque te ves muy solo, así que quiero hacerte compañía —solté una risa nerviosa, tratando de minimizar la idiotez que acababa de decir. Supe que lo era al ver su expresión seria—. Bueno, es que... creo que... ya sabes, todos aquí hablan y nosotros siempre estamos... callados y... sería interesante que nos conociéramos y bueno...
—Tienes cara de gato.
Eso me tomó por sorpresa. ¿Gato?
—Mi nombre es Yoongi.
—Te llamaré gato. Gato, déjame en paz —fingió una sonrisa y me dio la espalda nuevamente.
Me puso un apodo.
Según mis escasos conocimientos sobre el comportamiento promedio de un adolescente, cuando alguien le pone un apodo a otro es porque van por buen camino... O porque serás su blanco de burlas por el resto del curso.
Debería dejar de leer tantos libros de romance adolescente, sí, eso debería hacer.
—Oh... ¡Puedes llamarme gato si te hace feliz! Eres la primera persona que lo hace, aparte de mi mamá... Ella me dice "gatito YoonYoon", bueno, ya que lo digo suenan muy diferentes y es hasta un poco vergonzoso estar diciendo esto.
—Lo es y demasiado. ¿"Gatito YoonYoon"? —Volvió a voltear, esta vez mirándome con burla, y en ese momento pude sentir cómo la sangre subía a mis mejillas.
—Es... ¡Es un apodo muy lindo!
—Agradece que no soy como los hijos de perra que les encanta molestar a los demás, gatito YoonYoon.
—Lo agradezco y demasiado. Mejor llámame gato y olvidemos cómo paso vergüenza por cada segundo que respiro —creo que es la primera vez que lo veo sonreír genuinamente.
—¿Me dejarás en paz?
—Supongo que ya te molesté mucho por hoy. ¡Ten un resto de día hermoso, Kookie! —Hizo una mueca de asco que me desconcertó.
—Si vas a hablar conmigo, al menos llámame por mi nombre. No con apodos horribles que me dan ganas de vomitar —y nuevamente me dio la espalda. Yo sonreí inclinándome hacia él.
—Pero si Kookie es bonito. También "Koo", "Kookoo", "Kook", "Jungkookie"...
—Me voy a cortar la yugular si sigues.
—No bromees con eso; tu existencia es muy valiosa y hermosa como para que dejes este mundo —me acomodé en mi asiento, suponiendo que no me iba a responder más. Hasta que, luego de unos minutos, escuché...
—Ni siquiera me conoces, gato.
—Tal vez no, supongo que lo hago lo suficiente y con eso me basta. Pero... podríamos conocernos más, para mí sería un gusto, Jungkookie.
Sabía que definitivamente no iba a recibir respuesta de eso, de hecho, lo dejé pasar. Solo podía sonreír de oreja a oreja, mientras mi niño interior bailaba y saltaba de alegría.
¿Cómo no hacerlo, si acabo de tener una conversación, una conversación real, con el chico que me roba mil y un suspiros? La profesora entró, dando a entender que comenzaba otra clase, otra clase que iba a ignorar completamente, porque en este momento estaba en un campo lleno de flores siendo el chico más feliz del mundo.
Jeon Jungkook, de verdad, ¿qué has hecho conmigo?
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