Capítulo 2

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María



-No me ha escrito. – Mencionó Mara mientras me servía el desayuno. Me desperté algo tarde así que soy la última en desayunar.

- ¿De quién estamos hablando? - pregunté sin prestarle atención, estaba más enfocada en mi desayuno.

- ¡De Andrés, María! -Su voz fue suficiente para despertarme por completo.

- ¿Cuándo fue la última vez que hablaron? - le pregunté aun sin darle mi atención completa.

-Cuando me despedí de él en Houston. - Ok eso es preocupante. Llevamos aquí una semana ya, si no le ha escrito es evidente que algo está mal. Marina y yo sabíamos que algo así pasaría entre ellos. Pero como ya mencioné, Mara se niega a aceptar que Andrés no es el chico para ella.

- ¿Ni un mensaje asegurándose de que llegaste bien? - le pregunté, aunque yo ya sabía la respuesta a esa pregunta.

-No. Nada. - dijo en un tono firme. Y aunque sabía que no lo haría, en sus ojos se notaban las ganas que tenia de llorar. Y ella sabía exactamente lo que estaba a punto de decirle.

-Mara. – comencé. - Marina y yo te lo hemos dicho antes. Andrés no es quien tú crees que es. - En cuanto terminé mi oración apartó su mirada de mi. -Andrés no es el chico del que te enamoraste, Mara.

-María, ¿tú qué sabes de lo que es el amor? Nunca te has enamorado. - Perfecto. Ya estaba gritando. Mara estaba exhausta. Tiene ojeras más oscuras que el futuro de Marina. Su cabello rubio, que hace contraste con mi cabello castaño; estaba hecho un desastre.

- No me tengo que enamorar para saber que lo que Andrés siente por ti no es amor. – Eso fue suficiente para que sus ojos volvieran a mirarme. Y Fue lo suficiente para que sus ojos azules se derritieran.

- ¿Insinúas que Andrés no me ama? - Su mano estaba en su pecho, las lágrimas comenzaron a acumularse, pero no las dejo caer.

-Mara, eso hasta tú lo sabes. – Mara se mantuvo en silencio. Era cierto. Andrés nunca la quiso. Ella lo supo, pero se negó a aceptarlo. - ¿Cuándo terminaras con él? - pregunté esperando que me diera una respuesta lógica.

-No lo haré María. - Ay dios mío. Por un momento creí que le metí un poco de sentido común a esta niña. -No tengo porque seguir las ordenes de mi hermana menor. - Fue lo último que me dijo para salir de la cocina y caminar hacia nuestro cuarto.

Mara y yo compartimos cuarto, Marina tiene cuarto propio. Nuestras cosas llegaron hace apenas un par de días, aún hay cajas por doquier.

Marina salió a caminar por la ciudad, supongo que fue a su universidad para calcular el tiempo que le tomará llegar por las mañanas. Ella entra a clases en un par de días, dice que no está nerviosa en lo absoluto, pero yo ya conozco todas sus mentiras piadosas.

La abuela me llamo anoche, quería asegurarse que no hubiese perdido el collar de mamá. Y no lo hice. Hasta ahorita he cumplido mi promesa, creo que comienzo a cuidar más a este collar que a mi propia vida. Pero no puedo evitar sentirme más cerca de mamá con este collar.

Los golpes en la puerta me distrajeron, espero que sea Marina, creo que olvido sus llaves al departamento.

- ¿En dónde dejaste tus llaves Marina? - le pregunté con una sonrisa recargándome contra la puerta.

-Buenos días a ti también. - me respondió entre risas. - ¿Desayunaste? - me pregunto dándome la espalda, permitiéndome admirar su cabello pelirrojo. Suena raro, pero físicamente, las tres somos completamente diferentes. Hemos llegado a pensar que somos adoptadas. Marina: La pelirroja de ojos verdes. Mara: La rubia de ojos azules. Y yo: una castaña con ojos marrones.

-Si. - le respondí. - ¿A dónde fuiste? - le pregunté.

-A la universidad. - no me permitió procesar su respuesta antes de que me hiciera otra pregunta. - ¿Dormiste bien?

-Vaya, hoy estas muy preguntona. -le respondí en tono burlón. -Dormí bien, hermana. De quien deberías preocuparte es de Mara.

- ¿Que hizo ahora? -preguntó para suspirar en forma de cansancio.

-Nada, solo que se nota desde lejos que está muy tensa y ansiosa. - respondí sin mirarla. Marina sabía exactamente lo que sucedía. Aunque tengamos nuestras dudas sobre nuestro ADN, de alguna manera Marina siempre sabe que es lo que nos sucede sin tener que decírselo. Es como si nos comunicáramos con ella por telepatía.

- ¿Es Andrés cierto? -preguntó. Asentí con la cabeza como respuesta. -Ahorita hablaré con ella. - dijo frotando su rostro con las palmas de sus manos. -Oye. - habló después de un minuto de silencio. - ¿Has visto algún chico alto, cabello oscuro de ojos verdes por el edificio? - me preguntó con cierta curiosidad en su rostro.

-No. ¿Por qué? - pregunté con la misma curiosidad.

-Es un chico de la universidad, lo vi salir y tomamos la misma ruta hacia aquí. Lo vi entrar, pero no sé si viva aquí.

Ese chico de cabello oscuro y ojos verdes era Dante. Si tan solo Marina no hubiese caído en los encantos del chico de cabello oscuro. 

Miradas Que DelatanDonde viven las historias. Descúbrelo ahora