CAPÍTULO XI - De Excursión

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Después de lo del otro día, Cris y yo estuvimos muy tensos toda la tarde, fue una situación muy desagradable, y Max, que es muy observadora, se percató de ello, así que sugirió ir hoy de excursión a un rocódromo a un par de horas de aquí y, de paso, pasar el día en la playa, y a todos nos pareció muy buen plan, sobre todo a mí, que necesitaba desconectar un poco de Cris y de Caracal (la ciudad en la que vivimos, León estaba cogido) en general. Así que cogimos coche y empezamos el trayecto. Primero pasé a recoger a Max, que era quien más cerca me quedaba.

-¡Buenos días, preciosa! - me saludó ella, tan radiante como siempre, abriendo la puerta del coche.
-Hola, guapa, ¿qué tal? - le respondo yo.
-Muy bien, tengo muchas ganas de conocer rocos nuevos y de mojar el culo en la playa, que en todo el verano aun no he podido. ¿Dónde me siento?
-Pues siéntate aquí adelante si quieres, así dejamos a la parejita juntos detrás - bromeo, refiriéndome a Bruno y Alex.
-Okay - acepta Max, dirigiéndose al maletero para dejar su mochila.

Luego pasé a por Alex y, finalmente, a por Bruno, que, por no variar, tardó casi 10 minutos en bajar.

-De verdad, Bru, siempre igual, macho - se mete con él Alex.
-Ay, que tío más pesado - resopla Bruno, dándole una colleja.
-Oye, de verdad, si es que hasta en los libros tengo que recibir - se queja Alex.
-¿Qué dices tú ahora de libros? - se extraña Max.
-Perdón, tuve un lapsus, quería decir viajes - justifica Alex.

Tras dos horas de Bruno y Alex discutiendo por absolutamente cualquier cosa, como si de un matrimonio que lleva casado 30 años se tratase, y Max y yo muriendo de la risa delante, por fin llegamos al rocódromo. Es gigantesco, y según entramos, veo como a los tres se les salen los ojos de las cuencas oculares, mirando a todas partes. Max está tan emocionada que hasta va dando saltitos, y a Bruno y Alex, poco les falta.

-¿Por dónde queréis empezar, cuerda o bloque? - pregunta Bruno.
-Yo creo que por cuerda, que cansa más, si empezamos por bloque luego no vamos a ser capaces de encadenar ni una sola vía.
-Lo veo bien - respondo yo.

Así que nos ponemos los arneses y empezamos a calentar con cuartos y quintos en la zona de autoasegurados. La pared es altísima, roza los 27 metros de altura, cuando llegas arriba te quieres amputar los antebrazos, pero a mí me encanta.
Después de haber calentado bien, yo empiezo a hacer sextos. Primero, hago un 6a+ que, para mi sorpresa, consigo hacer sin mayor problema, así que paso a un 6b que está al lado. Este me cuesta un poco más porque es de regletas, pero al final consigo completarlo a la primera. Bajo y estoy tan motivada que paso a un 6c. Me caigo un par de veces en un paso complicado en el que tenía que bloquear el brazo izquierdo en una regleta y montarme sobre el pie derecho para alcanzar otra regleta, pero a la tercera lo acabo consiguiendo y, aún con los antebrazos ardiendo, consigo encadenarlo. Cuando bajo, Alex está indignado porque me he sacado un 6c antes que él. Bruno y Max se ríen a lo lejos.

-¿Queréis pasar a la zona con cuerda normal?  - sugiere Alex, con cierto retintín.
-¿Cuerda normal? - pregunta Max, algo desubicada.
-Sí, en la que tienes que ir chapando tú la cuerda por las cintas, como si estuvieras en montaña.
-¡Ah, vale, vale! ¡Sí, que así aprendo a ir de primera y a asegurar! - dice Max, entusiasmada.

Así que Alex saca su cuerda y su Grigri y nos ponemos frente a un 5+.

-¿Quieres probar tú a ir de primera, Max? - pregunta Alex, a lo que Max acepta, encantada.
-¿Puedo asegurar yo? - pregunto, algo tímida.
-Por mí, sí - contesta Max.
-Si quieres, sin problema - me responde Alex.

Así que me engancho el Grigri al arnés con la cuerda ya pasada y Max comienza el ascenso y, quitando un momento en el que la tuve que sujetar para que descansara, hizo la vía sin problema. Estuvimos alrededor de una hora haciendo vías hasta que yo me vine arriba:

          

-Quiero hacer esta - digo, señalando a una vía de presas rosas.
-¿Ese 7a+? ¿Estás segura? - cuestiona Bruno.
-Si no lo consigo, bajo, ya ves tú qué problema, pero quiero probar.
-Vale, como veas ¿Te aseguro yo?
-Vale, por mí bien.

Así que me ato la cuerda al arnés y comienzo a subir. La vía son todo pasos muy largos, romos y regletas, por lo que no solo son movimientos difíciles, sino que, además, los agarres son malos y cansan el triple de rápido. Cuando llevo apenas un tercio de la vía, estoy ya sudando de cansancio. Pero sigo subiendo como puedo. A unos seis metros del top, me quedo atascada en un paso en el que no tengo pies. Oigo a los chicos animarme desde abajo, pero me duele todo, no sé como hacer el paso y me da miedo caer. Sin embargo, estoy tan cerca de encadenar mi primer 7a+ que me niego a bajarme, así que me lanzo a la siguiente presa y, aún no se de qué manera, consigo quedarme agarrada, siendo una presa bastante mala. Los Peluchitos me aplauden desde abajo. Lo que queda hasta la reunión no se me hace demasiado complicado, y, cuando llego, aunque me cuesta un poco pasar la cuerda por los mosquetones de la reunión por la fatiga brutal que tengo en los brazos, la acabo pasando sin mayor incidencia y, una vez me bajan, los tres me felicitan por haber encadenado un 7a+. Yo no me lo creo, y noto un un chute bestia de adrenalina y autoestima.

-Qué barbaridad, enserio - me felicita Max cuando llego al suelo.
-Totalmente, yo aun no he pasado de 6b+ y llevo un año más que tú - me halaga Bruno.
-Joder, que asco das - dice Alex, picado pero visiblemente orgulloso.
-Muchas gracias, chicos - les respondo yo, aún recuperando el aliento.

Después de recoger la cuerda, vamos a la zona de bloque, la modalidad preferida de Bruno y Max. Alex y yo hacemos algún bloque, pero estamos tan cansados ya que la mayor parte del rato nos la pasamos de charleta.

Tras casi tres horas escalando, finalmente, salimos del rocódromo y vamos como zombies sedientos de cerebros a comer a la hamburguesería que está en frente y que tiene fama de tener unas hamburguesas espectaculares, y, por como olía cuando pasamos, me lo creo. Era tal el olor, que cuando pasamos antes de entrar a escalar, los cuatro nos miramos en silencio y asentimos, dando a entender, sin decir una palabra, que íbamos a comer aquí hoy. Y efectivamente, las hamburguesas estaban de escándalo, Bruno casi llora de emoción mientras comía la suya.

Después de comer, fuimos dando un paseo hasta la playa, y, aunque al principio yo no tenía intención de bañarme, hacía tanto calor y el agua se veía tan fresquita que la tentación me pudo. Además, la playa a la que fuimos era una pequeña cala rodeada de montaña y vegetación y no había prácticamente nadie, así que el baño mereció la pena al 101%. Bruno y Alex se pasaron más de una hora en el agua salpicándose y tirándose a las olas, mientras que Max y yo nos dimos un baño más corto y nos tiramos a tomar el sol.

-Igual es un poco indiscreción, pero ¿Qué tal llevas lo de Cris? - me pregunta, tímida, Max.
-¿Qué pasa con Cris? - le pregunto yo, haciéndome la loca.
-Ya sabes. El otro día, cuando se te escapó que echabas de menos a John delante de él... Estuvisteis bastante raros los dos.
-Ah ya... Eso... Bueno, pues qué quieres que te diga. Cagada monumental.
-No, mujer, no digas eso, no te fustigues. Tienes muy reciente lo de John, y Cris eso lo sabe.
-Ya, sé que lo sabe, y ese es precisamente el problema.
-¿Qué quieres decir? ¿Planeas tener algo serio con Cris?
-No, no... Bueno, no sé. Cris me gusta, no sé si como para una relación, pero me gusta. Pero después de eso no va a querer nada conmigo.
-Bueno, no adelantes acontecimientos. Yo también pienso que cuando lo dejas con alguien, es bueno darse un tiempo a solas para sanar, pero también hay que tener en cuenta que tú con John ya llevabas mal una temporada larga, por lo que has pasado buena parte del luto dentro dea relación.
-Ya, eso ya lo sé, pero eso no va a hacer que mis probabilidades de tener algo con Cris aumenten. Eso, si es que ahora mismo queda alguna.
-Anda, boba, no seas tan pesimista. Mira, te voy a contar una cosa que me pasó hace años. A mí me gustaba mucho un chico de la uni. Sin embargo, yo a él no le gustaba para nada y yo me puse fatal al respecto, me costó mucho aceptar que no iba a poder tener nada con él y perdí toda esperanza. La cosa es que, un par de años más tarde, volvimos a coincidir en clase. Yo ya no tenía interés por él, pero un día, nos tocó hacer un trabajo juntos, y entre que si me pasas el boli, que si, qué boli, que si, ¿y si no te lo quiero dar? pues acabamos liados y estuvimos juntos seis meses... Luego le dejé porque era gilipollas, pero bueno, esa es historia para otro día. A lo que me voy. Después de eso, aprendí dos cosas muy valiosas. La primera es que nunca sabes por dónde te va a llevar la vida, ¿quien iba a decirle a mi yo de primero de carrera que dos años después iba a tener una relación con el crush al que yo no le interesaba en absoluto?
-Ya veo por donde vas. ¿Y la segunda? - le pregunto yo, intrigada.
-La segunda es que nada en la vida merece tanto la pena como para perder el tiempo pasándolo mal. Yo estuve meses muy jodida porque este chico no me quería, meses en los que podría haber buscado a otra persona o hecho muchas otras cosas. Y luego, dos años más tarde, salí con él solo para darme cuenta de que el chico por el que me había pasado meses llorando dos años antes era un subnormal que no merecía ni una lágrima de todas las que solté por él.
-¿Me estás diciendo que Cris es gilipollas?
-¡No, boba! Te estoy diciendo que no merece la pena pasarlo mal por él. Ni por él, ni por nadie, vaya. Si tenéis algo y sale bien, pues genial. Si acabáis no teniendo nada o sí tenéis algo pero sale regular, pues chica, p'alante.
-Puede que tengas razón - admito.
-Claro, boba - me dice Max, dedicándome una tierna sonrisa.

En ese momento, Alex y Bruno salen del agua. Ahora están discutiendo porque dicen que las olas quieren más a Bruno y que discriminan a Alex.

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