Santiago pensó que la parte más difícil de fingir una amistad con Ezra sería soportar su arrogancia en eventos oficiales. Se equivocó.
La parte más difícil era estar atrapado con él en un avión presidencial durante cuatro horas.
—¿Por qué exactamente tenemos que viajar juntos? —preguntó Santiago, recostado en su asiento mientras miraba a su padre, que hojeaba unos documentos frente a él.
—Porque la prensa necesita verlos como una imagen de unidad, no solo en la Casa Blanca, sino también en eventos internacionales —respondió el presidente Duarte sin levantar la vista—. En este caso, en la cumbre de cooperación en Nueva York.
Santiago se frotó las sienes.
—Esto es un castigo.
—Esto es diplomacia.
Antes de que pudiera seguir quejándose, la puerta de la cabina se abrió y apareció la última persona que quería ver.
—Wow, Air Force One versión mexicana. Me gusta. —Ezra sonrió con su aire despreocupado mientras dejaba caer su bolso en el asiento frente a Santiago—. ¿Qué tal, compañero de viaje?
Santiago le dirigió una mirada de pocos amigos.
—Ojalá hubieras perdido el vuelo.
Ezra fingió estar herido.
—¿Ese es el espíritu de unidad del que hablaba la prensa? Me rompes el corazón, Duarte.
El presidente Duarte levantó la vista con una paciencia ensayada.
—Chicos, compórtense.
Ezra soltó una risa baja y se acomodó en su asiento. Santiago trató de ignorarlo, concentrándose en su teléfono. Pero claro, Ezra no era de los que se quedaban callados por mucho tiempo.
—Entonces, dime —dijo con tono casual—, ¿siempre eres así de amargado o solo conmigo?
Santiago suspiró sin despegar la vista de la pantalla.
—Solo contigo.
—Qué alivio. Pensé que eras así con todos.
Santiago rodó los ojos.
Ezra sonrió y se inclinó un poco hacia él.
—Vamos, Duarte, relájate. Estamos atrapados juntos, mínimo intenta disfrutarlo.
Santiago alzó una ceja.
—¿Disfrutar estar atrapado contigo en un avión?
—Soy una excelente compañía.
Santiago soltó una carcajada sarcástica.
—Dudo que alguien en el mundo opine eso.
Ezra fingió indignación.
—Mucha gente disfruta mi compañía.
—Nómbrame una.
—Mi perro.
Santiago lo miró con incredulidad antes de que, sin quererlo, una sonrisa se le escapara.
Ezra la notó.
—¿Lo ves? Ya estás cayendo en mi encanto.
Santiago volvió a su expresión neutral inmediatamente.
—Fue un reflejo.
—Claro que sí.
El avión despegó, y mientras las luces de Washington desaparecían debajo de ellos, Santiago no pudo evitar preguntarse cómo iba a sobrevivir este viaje sin volverse loco.
Porque una cosa era segura: Ezra Whitmore no le iba a hacer la vida fácil.

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Amor internacional
HumorSantiago Álvarez es el hijo del presidente de México, un joven brillante, disciplinado y criado para seguir el camino de la política con precisión absoluta. Desde pequeño, entendió que su vida no le pertenecía del todo: cada paso que daba debía ser...