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octubre '77

El tiempo pasa demasiado rápido cuando el hotel está vacío.

Los días parecen desvanecerse, uno tras otro, sin que nos demos cuenta. Las hojas de los árboles ya han empezado a caer, el aire es más frío, y la playa, que antes estaba llena de turistas, ahora es un sitio solitario.

El invierno se acerca.

Es una de esas noches en las que no hay absolutamente nada que hacer, así que Angelina nos invita a su habitación para ver una película.

Cuando llegamos, me doy cuenta de que su cuarto es exactamente como me lo imaginaba.

Las paredes están decoradas con fotos pegadas con cinta adhesiva, algunas enmarcadas, otras simplemente puestas al azar. En una esquina hay un tocadiscos y una pila de discos de vinilo, y la cama está cubierta con una colcha gruesa y mullida que se ve ridículamente cómoda.

Hay una estantería llena de libros, perfumes y pequeñas cajas de madera, y una mesita donde descansan velas a medio derretir. Huele a lavanda y vainilla, una mezcla cálida y familiar.

—Bienvenidos a mi humilde morada —dice Angelina, dejando caer una manta sobre la cama—. Hagan como en su casa.

Kai se tira directamente sobre la cama sin dudarlo, mientras que yo me siento en el suelo, apoyándome contra la pared.

La película comienza y, por un rato, todo está bien.

Nos reímos con algunas escenas, Kai comenta demasiado en voz alta, Angelina le tira un cojín a la cara para que se calle, y yo, aunque no hablo mucho, disfruto de la compañía.

Pero en algún momento, mi mente se apaga.

Las voces de la película se vuelven lejanas, como si estuvieran en otro sitio.

Siento el peso en mi pecho otra vez.

El mismo que llevo arrastrando desde hace semanas.

Y aunque intento ocultarlo, Angelina lo nota.

La veo de reojo mirándome con el ceño ligeramente fruncido, como si intentara descifrar qué pasa conmigo.

Aprovecha que Kai se levanta para ir al baño y gira su cuerpo hacia mí.

—Reg —dice en voz baja—, ¿qué te pasa?

Fuerzo una sonrisa.

—Nada.

Angelina no se lo cree.

—No me vengas con eso. Te he visto raro desde hace semanas. Estás callado, más de lo normal. Y lo de hoy... no sé, Reg, pareces triste.

Desvío la mirada, tragando saliva.

—No es nada —repito, pero mi voz suena quebrada.

Angelina no insiste más.

No con palabras, al menos.

Solo me mira. Con paciencia. Con esa expresión tranquila y sincera que hace que sea imposible mentirle.

Y de repente, se rompe algo dentro de mí.

La presión en mi pecho explota, las palabras se me atascan en la garganta, y sin poder evitarlo, las lágrimas comienzan a caer.

—Fui a mi casa hace unas semanas —susurro, con la voz temblorosa—. Me enteré de que mis padres murieron.

Angelina se queda en shock.

Y sin decir nada más, me envuelve en un abrazo fuerte, cálido, sin dudarlo ni un segundo.

OTHER HALF | Regulus BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora