3. La Sabia

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Melissa se adentró en el pueblo; las casas lucían exóticas, con un aspecto tribal y tradicional, presumiendo colores otoñales.

Las gentes de la aldea miraban extrañados a la delicada niña de trenzado pelo gris que cruzaba su villa. Entre ellos murmuraban inentendibles vocablos en un idioma extraño, que Melissa apenas entendía.
La joven llegó ante una casa más grande que las demás, con dos grandes estandartes colgando junto a la entrada. Melissa, curiosa, decidió llamar a la puerta y al instante una dulce y melodiosa voz respondió desde dentro: -Adelante, princesa-.

La niña, anonadada por el azucarado tono de la voz, abrió lentamente la puerta y entró.

El aspecto de la casa era místico y acogedor; A Melissa le transmitía un sentimiento cálido.
Al fondo de esa casa había una chimenea, en la que un débil fuego destelleaba. Ante el hogar se hallaba sentada una bella dama de largo cabello cobrizo, con unos labios ígneos y unos ojos radiantes cual sol.

La dama se alzó y se giró para ver a Melissa. Sus ojos se encontraron con las frías esmeraldas que se hallaban en el rostro de la niña, se cerraron, y al abrirse destellearon como nunca.

La lumbre chispeaba de forma calmada. La joven decidió romper el silencio con una temblorosa voz que preguntaba: -¿Quién es usted?-
La mujer sonrió y calmadamente respondió: -Me llaman Neera, y soy conocida como "La Sabia"- Melissa mantuvo la vista clavada en los ojos de Neera, escuchando atentamente. - Cómo se apoda usted, damisela?-.
Melissa se sentía un tanto insegura, pero hizo acopio de determinación y contestó: -No conozco mi nombre, ni tan sólo recuerdo qué fue de mi ser-.
Neera sabía eso, pero precisaba comprobar que era completamente cierto.

Tras unos segundos de silencio, la dama separó sus candentes labios y dijo: -Yo sé quién eres, sé cómo eres y sé lo que te ha ocurrido. Sin embargo, no puedo revelártelo, pues eso nos haría arder en el averno.- Melissa estaba intrigada, aguardaba con ganas que Neera siguiese hablando.
-Es bien sabido que no puedo revelarte esa información, pero puedo otorgarte una pista para que la halles. Los datos de la pista deberán ser revelados en una poesía, ocultos en sus retóricos vocablos.-

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