Capítulo 35 | Final

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Observo el perfil de Evan mientras maneja, sus manos en el volante de forma relajada, su postura desgarbada en el asiento y la vista al frente mientras tararea alguna canción en su cabeza

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Observo el perfil de Evan mientras maneja, sus manos en el volante de forma relajada, su postura desgarbada en el asiento y la vista al frente mientras tararea alguna canción en su cabeza.

Sigue siendo tan guapo como la primera vez que lo vi. Me sorprende la de cosas que han pasado desde ahí.

Hemos limado asperezas después de lo que pasó. Cuando empezamos a hablar después de aquello se sentía tenso el ambiente, como si faltara algo, la chispa que teníamos en un principio. No es que le guardara rencor por lo que había hecho, pero aún así se sentía de alguna forma raro.

Conforme pasan los días hemos superado poco a poco esa etapa, hemos pasado horas viendo películas, vamos a comer, nos vemos lo más que se puede y también ha intentado besarme, que debo decir —es imposible resistirse— y yo que creí que eso no era posible. Cuando tengo mis ratos de duda siempre intenta distraerme con algún chiste malísimo que igual me acaba dando risa cuando se ríe él solo.

África, bueno, ella al parecer está intentado alguna especie de relación con Eros. Son bastante lindos en realidad y a él le costó mucho trabajo convencerla. Ella se la pasa discutiendo que no es algo oficial, pero no falta mucho para eso.

Cece está yendo poco a poco, con calma. Cuando hemos salido a algún lugar a bailar y divertirnos ha habido varios tipos que se acercan a hablarle, pero ella ha rechazado a todos y cada uno de ellos. Ahora va a terapias, la ayudan a hablar de sus traumas y todo lo que vivió con Adam.

Mis padres siguen teniendo su matrimonio de ensueño.

Mía y Michael también superan sus problemas de a poco, han pasado meses desde que ella perdió al bebé, pero cada vez que la veo parece mejor respecto al tema. Es obvio que una pérdida así jamás se olvida, pero sí se aprende a sobrellevarla.

Me alegra que él la ame tanto como se merece, Mía es uno de los mejores seres humanos que he conocido, no creo que haya un alma más noble y amorosa en el planeta. Quizá este no era su tiempo, además ella y Michael aún tienen mucho por delante.

El aire entrando por la ventana me distrae de mis pensamientos, ondea mi cabello y para que no sea molesto lo ato en una coleta sin esfuerzo.

Estamos camino a un jardín, casi a las afueras de la ciudad, celebraremos el cumpleaños de Mía.

No puedo hacerme creer que todo esto ha pasado los últimos meses, han sido un montón de cosa que jamás me habría imaginado y ver a mi hermana hoy se siente de alguna forma diferente, estoy ansiosa por verla y abrazarla.

Bajamos del coche veinte minutos después, Evan ha aparcado cerca de la entrada así que no tenemos que caminar tanto para estar en el jardín.

En el césped han esparcido pétalos de rosa, hay focos que van de esquina a esquina, música, y enormes globos de helio de cumpleaños en todas partes.

          

—¿Había mucho tránsito?— pregunta mi padre mientras saluda a Evan en un abrazo.

Aún no entiendo como es que se echó a mi papá al bolsillo —y no solo a él— también a mi mamá y Mía tan rápido.

Evan le da algunas palmadas en la espalda antes de separarse. —Estuvo bastante despejado para ser sábado, de hecho.

—¿Y mi mamá?— pregunto buscándola con la mirada entre las personas.

Mi papá señala con su copa a la distancia, me vuelvo para ver a donde apunta y puedo observar a mi mamá acomodando cosas caminando de un lado a otro.

—Afina detalles, quiere que sea perfecto.

Supongo que quiere que todo esté en orden porque además de ser la fiesta de cumpleaños de mi hermana también es su despedida. Ella y Michael irán a Escocia por algunas semanas.

—Sarah es encantadora, Elliot— dice Evan haciendo que una leve sonrisa de orgullo inunde la cara de mi papá.

—Lo es. — Asiente.

En algún otro momento habría calificado esas palabras como cursis o muy acarameladas, pero no ahora.

Todo este tiempo con Evan me ha hecho ver las cosas de forma diferente y lo que antes me parecía empalagoso ahora no lo es tanto.

Me han dicho que invitara a mis amigos así que no me sorprendo cuando veo a África, Eros, Cece, Martin, Tom y Nina. Todos ellos conocen a mi hermana así que no había problema en invitarlos.

Después de la fiesta en la que Martin me reprendió por no conocerla intenté que saliéramos a comer y cuando hubo una oportunidad la tomé, de hecho esa fue una comida bastante divertida, ellos se llevaron bien al instante.

—Tienes suerte.— Nina susurra a mi oído cuando mis dos hombres favoritos están absortos en una plática.

Ella analiza a Evan rápidamente de arriba a abajo mientras muerde su labio inferior, se lo está comiendo con la mirada.

—Tengo mucha suerte— sonrío.

Olvidé decir que Nina se ha rendido a encontrar el amor, pasó de ser una romántica empedernida a dejar de buscar el amor, eso es algo que creí que nunca ocurriría.

—Ustedes desprenden una energía extraña de alegría y cosas buena. — Se queja bebiéndose de un trago el resto del licor en su copa.

Me encojo de hombros sin decir nada más.

Martin se acerca con todos los demás y pronto inician una conversación entretenida.

Michael y Mía aparecen en la fiesta, ella viste un hermoso vestido rosa pálido y él tiene un traje completo color gris perfectamente a la medida, ambos se ven muy bien y renovados. La forma en que se miran está llena de amor y ternura, es como si tuvieran su propio lenguaje, en cada mirada que comparten hay un millón de palabras que no salen de sus labios, pero que sólo ellos entienden sin siquiera tener que decirlas en voz alta.

Ev toma mi mano, sacándome a bailar cuando comienza a sonar «Perfect» de Ed sheeran. Sonrío cuando recuerdo la vez que la bailamos en la fiesta de compromiso de mis amigos Martin y Tom, tampoco se me olvida que ese día lo encontré ahí porque iba de "Damo de compañía" de la prima de Martin.

—Es la misma canción con la que bailamos la primera vez. — Susurra a mi oído, me sorprende que lo recuerde.

—Buena memoria.

—Las cosas importantes no se olvidan, Abejita.

Ruedo los ojos cuando me guiña un ojo en gesto galán.

Definitivamente, tal vez ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora