Incluso desde antes de bajarme del auto, podía escuchar el escándalo en mi casa.
— ¿Qué es eso?
— Me pregunto lo mismo. —Confesé.
A medida que me acercaba, podía distinguir mejor los ruidos en medio del escándalo: llanto de bebé, ladridos y gritos. Respiré profundo. Justo antes de abrir la puerta, noté que YiFan venía detrás de mí.
— ¿Qué haces?
— Suena a que necesitarás ayuda. —Se justificó.
Lo detuve, poniéndole una mano en el pecho—. No necesito tu ayuda, no quiero tu ayuda y no he pedido tu ayuda. —Levantó una ceja—. Puedes irte, YiFan.
Chasqueó la lengua, quitó bruscamente mi mano de su pecho, y se fue por donde vino. Una vez que vi que puso en marcha el auto, entré a casa.
Comida en las paredes y en el suelo, un par de pañales sucios tirados, ¿Eso es vómito?, los ladridos y aullidos de Amor, el llanto incesante de YangMi y los gritos de los Park. Eso es lo que esperaba por mí en casa.
— ¿Qué demonios pasó aquí? —Los Park se callaron cuando entré a la sala.
YangMi estaba sentada en su corral, llorando, Amor ladraba y aullaba en el mismo volumen de ella, a un lado del corral. ChanYeol y HaNeul estaban de pie, con manchas en su ropa y cara, de lo que quiero imaginar que es comida, y el mayor de ellos tenía signos de haber estado llorando.
— Los dejé solos una hora. —Señalé—. Solamente una hora, ¿Cómo es que...? —Señalé las paredes, piso, pañales, a ellos mismos, en fin, señalé todo el desastre.
— Pasaron cosas. —Fue la mísera respuesta que recibí de ChanYeol, mientras tomaba a YangMi en brazos para calmarla, y con suerte Amor se callaría también.
— Sólo fue una hora. —Recalqué—. ¡Y parece que los abandoné un día entero! ¿Cómo llegaron a esto?
— Nos preguntamos lo mismo. —No importa lo alterada que estaba, el comentario de HaNeul me hizo reír.
Negué—. Recuérdenme no dejarles a YangMi nunca más. —Mi pequeña ya se había calmado, y ahora tenía su cabecita apoyada en mi hombro, sorbiendo por la nariz.
— Yo te lo advertí desde antes que ella naciera. —ChanYeol asintió ante lo dicho por su hermana.
Suspiré y me dejé caer en el sillón, con cuidado de no golpear a la pequeña en mis brazos.
Me sentía un poco abrumada, había estado hablando sobre BaekHyun con Jessi, YiFan, Bambam y Yuta, y ahora sabía cosas que habría gustado de ignorar, además, tenía que limpiar la comida esparcida por la casa, el vómito, recoger los pañales y ver que YangMi estuviera bien, porque no sabía cuánto tiempo había estado llorando.
Amor corrió hacia la puerta, y supe que JongDae había vuelto.
— ¿Qué pasó aquí? —Preguntó al llegar a la sala.
— Pasa que soy una terrible madre. —Creí que lo había dicho en mi mente, pero al parecer, por la cara que puso JongDae, lo dije en voz alta.
Se apresuró a sentarse a mi lado—. Eso no es cierto, ¿Qué pasó?
— YiFan vino, y-
— ¿YiFan vino? —Se sorprendió.
— Sí, y me invitó a ir un rato con él, Jessi y Bambam. —Él asintió, escuchándome atentamente—.Y me pareció una buena idea ir a hablar con ellos, después de todo son agradables, pero no podía llevar a YangMi, no pueden conocerla. —Negó ante mis palabras—. Así que la dejé con ellos. —Los Park se miraron, en silencio—. Y- —Por alguna razón, mis ojos se llenaron de lágrimas—. BaekHyun está en Inglaterra, y en algunos años puede que lo trasladen a aquí, a Corea, y lo van a liberar, y recibió una golpiza cuando lo encerraron, y aún piensa en mí, y BaekBeom y BaekGyol son jefes horribles, y subí de peso, y llegué, y había un escándalo, y YangMi estaba llorando, y Amor aullando, y ellos peleando, y comida por todas partes, y, y-
— Está bien, todo está bien. —JongDae acarició mi espalda—. No es tu culpa, no te alteres. —Miró a ChanYeol, y luego a HaNeul—. Una cosa es que no sepan cuidar niños, y otra que no sepan limpiar, son adultos, encárguense del desastre que causaron. —Así hicieron, y pude respirar—. Todo esto... —Señaló mi cara, que estaba ligeramente húmeda por las lágrimas—. Es por BaekHyun, ¿Cierto? —Con algo de culpa, asentí—. Tienes que ser fuerte, MiSuk, tienes que ser fuerte y firme. —Tomó con delicadeza la mano de YangMi—. Por ti y por ella.
— Sí, lo sé...
Tenía una razón para ser fuerte, tenía una razón para no flaquear en mi posición, tenía una razón para no ceder, tenía algo para proteger, o más bien: alguien.
Senté a YangMi en mis piernas, y comenzó a jugar con la mano de JongDae.
— Mi florecita... —Acaricié su pequeña cabecita—. Sé que ahora no lo entiendes, pero prometo protegerte.
[...]
Estaba en el supermercado, empujando el carrito donde YangMi, que ya tenía poco más de un año, estaba sentada y JongDae ponía las cosas que compraríamos.
— ¿Crees que deberíamos llevar más salsa de tomate o aún tenemos suficiente? —Pregunté, examinando un frasco, mientras evitaba que YangMi lo tomara.
No recibí respuesta, entonces dirigí mi mirada hacia el frente, Jongdae estaba en el extremo del estante, mirando el pasillo mientras escondía su cuerpo. Fruncí el ceño, tratando de entender qué diablos hacía, cuando de repente se giró hacia mí y movió rápidamente el carrito en dirección contraria a la que íbamos.
— Rápido, rápido. —Susurró.
— ¿Qué pasa? —Estaba muy confundida por su manera de actuar, pero él sólo empujó el carrito con más fuerza, apresurándome a que saliera de aquella zona.
Justo antes de que él cumpliera su cometido, alcancé a ver la razón de su histeria: MinSeok y YoonGi entraban distraídamente al pasillo en el que estábamos. Por suerte, ellos no nos vieron, o eso quiero creer.
Nos alejamos de ahí, mirando a todas partes, casi poniéndole una manta encima a YangMi, con prisa. En dado momento divisamos a JongIn, por lo que también huímos de él.
Encontramos refugio en el pasillo de productos de limpieza.
— ¿Qué... —Casi maldigo, pero la presencia de mi pequeña me detuvo— ... Hacen ellos aquí?
— ¡No lo sé! —Exclamó JongDae, en voz baja, manteniendo su guardia alta.
— ¡Se suponía que debían estar en Inglaterra!
— ¡Lo sé!
Captura internacional una mierda, ¿No que ese era un asunto serio?
— ¿Qué hacemos ahora?
Él lo pensó, mientras yo luchaba con YangMi para que se sacara las manos de la boca.
— ¡Hola, MiSuk! —Sentí que vi a Dios cuando Felix se aproximó a nosotros.
— No sabes lo tanto que me alegra verte. —Confesé.
— Ella es tu hija, ¿No? —Se inclinó, para acercarse a ella—. ¡Hola, pequeña!
— YangMi, saluda. —Ella le sonrió y sacudió su manita ante mi petición—. Escucha, Felix. —Se incorporó y me miró cuando dije eso.