MEGAN
All of my life, it's been heartbreak weather
Por la mañana me desperté con el cuello adolorido, tomé una ducha antes de que mi nuevo compañero de piso me viera y saliera corriendo, su habitación seguía cerrada y todo estaba tal cual lo había dejado después de llegar de la cena con la vecina —mujer muy metiche— estaba calentando las sobras de la cena cuando el timbre sonó y fui abrir pensando que tal vez Josh que había olvidado su tarjeta en algún lado.
—¿Megan? —pregunto el hombre de traje, yo asentí lentamente. —Buenos días vengo de parte del equipo de Josh.
—Este —dije dudosa aferrando mi mano a la puerta. —Él no está, salió por la noche y aun no regresa.
—Ya lo sé, he venido hablar contigo —Me hice aun lado para que entrara —¿Tienes café?
—No —dije con simpleza expresando mi desconcierto por la situación.
—Está bien —tomo asiento en el sofá donde había dormido. —La cosa es simple, necesito que firmes estos documentos y me iré.
—¿Documentos de qué? ¿Por qué tengo que firmar? ¿Qué es todo esto? —pregunte confundida.
El hombre coloco la carpeta en la mesa de centro de cristal. —Es un contrato de confidencialidad, cualquier persona ajena a CL debe de firmar uno mientras se encuentre en convivencia de alguno de nuestros miembros —explico.
—Disculpe, pero yo estudio leyes y tengo conocimiento de mis garantías individuales, así como de mis derechos fundamentales; nadie me puede obligar a firmar un documento sin antes ser revisado por un abogado —dije muy segura.
—Por supuesto que lo sé, pero en esta ocasión es diferente tu estas en convivencia de Josh un miembro de CL y cientos de personas pagarían miles de dólares por saber el dato más ridículo sobre él. — Comenzamos una guerra de miradas, hasta que cedí para tomar la carpeta sobre la mesa, lo leí detenidamente apreciando cada de talle de los puntos y clausulas estipuladas.
El contrato en si decía que no se podía hablar de ningún tipo de relación con el miembro de CL, —en este caso Josh— a los medios de comunicación al menos que sea permitido por su Managemen o incluso él mismo, también se hablaba sobre revelar el tipo de convivencia con el mencionado y algunas cláusulas que serían violadas se pagaría la multa estipulada por el CEO de CL y como una recomendación decía que no se hablara de la existencia de dicho acuerdo de confidencialidad.
—Está bien —coloque la carpeta en la mesa de centro —¿tiene una pluma?
El hombre me tendí la pluma de tinta azul —todos los documentos legales van en firmados en tinta azul— detuve mis movimientos en cuanto noté la apuración que tenía el hombre en que firmara.
—¿Algo que quiera decirme antes de que firme? —pregunte.
—No solo que llevo un poco de prisa —dijo y miro su reloj—. Debo de recoger a Josh.
[...]
Al bajar tomé cinco dólares de mi bolso para comprar un jugo de la maquina dispensadora, elegí el sabor mango —porque es el mejor sabor de jugo que hay en la tierra— el portero me había entregado la tarjeta correspondiente al apartamento. Era el primer día en el que saldría a buscar comida y un empleo, para así poder ponerme de acuerdo con Josh con el pago de la renta.
La vida aquí no pintaba ser muy barata, pero según el portero del edificio se encontraba fácilmente empleo. Las apps de trabajo junto con los anuncios de internet me había me llevado a la pequeña confusión con Josh.
I swear there was lightning coming from your eyes
No había llegado ni a la esquina cuando una ola de personas con sus cámaras corrió en mi dirección, tomando fotos desde su lugar. Todo sucedió tan rápido que cuando lo noté ya estaba en la recepción del edificio, Josh estaba sentado a mi lado y el hombre de la mañana estaba al teléfono hablando muy molesto.
—No... yo no los llame... pues investiga quien fue... ¿me estás diciendo que fue ella? —dirigió la vista hacia mí.
Josh apestaba alcohol —destilaba alcohol— llevaba lentes oscuros y sus facciones expresaban el enfado que tenía.
—Fue ella —me acuso el hombre. Automáticamente Josh me miro y pude notar decepción, enojo cuando se quitó los lentes.
—¿Yo que? —pregunte confusa.
—Dijiste que no me conocías en lo absoluto —reclamo Josh y se puso de pie.
—Así es, yo no te conozco de nada —me defendí.
—Entonces ¿cómo explicas que todas esas personas estén allá habiendo preguntas y sacándonos fotos. —El tono que utilizo era tan áspero y despectivo.
—¿Hablaste con alguien? —inquirió el hombre de traje.
—Esta mañana contigo y por la noche con la señora que vive en el 303 —explique.
—Esa señora fue quien los llamo entonces —dijo el hombre, antes de contestar la llamada entrante en su teléfono.
—No sé qué demonios es todo esto, pero no quiero ser parte. —dije cuando Josh se me acerco, una risa sarcástica salió de su boca.
—Muy tarde para esa decisión Megan sin H.
Estuvimos unos minutos más en la recepción hasta que Josh tomo la decisión de que era mejor ir al apartamento, con la excusa de que quería dormir un rato antes de ir a la junta que tenía. Una vez entramos al apartamento Josh tomo una ducha antes por indicaciones del hombre y después fue a la cama, yo me quede en la sala viendo moverse las manecillas del reloj de pared —que como si fuera poco — tenía el rostro de Josh en el fondo.
—¿Qué es Josh? —le pregunte al hombre que se quedó revisando unos documentos en la isla de la cocina.
—Una persona —respondió con obviedad.
—Quizás no plantee bien mi pregunta ¿A qué se dedica Josh? —cuestione nuevamente.
—Es actor.
—¿Famoso?
—Puede que lo sea, pero lo dudo si tu no lo conoces —dijo, se levantó de la silla de la isla y vino a sentarse frente a mí en el sofá.
—¿Qué tan famoso es del uno al diez? —La curiosidad me invadía por saber con quién demonios estaba viviendo
—Un nueve, porque tú no lo conoces.
—No veía la televisión, soy más de libros.
—Está bien. Puede que tu no lo conozcas, pero toda la ciudad sabe quién es Josh McCarthy —dijo el hombre. Se levanto para ir por su Ipad y me mostro suficientes fotos de mi esta mañana cuando salí a admirar la vista —: Y ahora te conocen a ti.
Había fotos mías de todos los ángulos, desde que me asome al balcón por la mañana, fotos mías peleando con la maquila dispensadora de jugos, yo hablando con el portero, caminando a la esquina de la acera y de mi esperando a cruzar la calle.