The muffin time. Dazai

129 6 0
                                    


Motivo: Fue un reto, debía escribir un os basado en la canción que saliera.
¿Un muffin suicida? Dazai.

--------------

    
  
Kunikida estaba sentado en el suelo, en su mirada se podía notar todo el cansancio que un ser humano podía ser capaz de mostrar.
La espalda encorvada, la ropa hecha jirones y ningún rastro de sus lentes.

Atsushi comprendió el estado del mayor cuando alzó la vista y encontró a Dazai Osamu —su mentor— bailando sobre su escritorio con los ojos completamente perdidos y el cabello apuntando en todas direcciones.

—¡Atsushi-kuuuuuun!

El albino se sintió aprisionado cuando su mentor de un salto lo atrapó entre brazos. Ni siquiera le miraba, pero lo reconocía.

Atsushi deseó no haber ido a trabajar ese día, se debió de haber quedado a cuidar a Kyōka.

—Dazai-san—le llamó en cuanto le soltó, pudiendo respirar bien de nuevo—, dígame que ha ingerido esta vez.

Kunikida, quien seguía en el piso, le había comentado con mucho enfado hace algún tiempo sobre el primer día de trabajo de Dazai.

—Atsushi-kuuuuun—el chico retrocedió unos pasos al ver a su mentor acercarse de nuevo—, soy un gran pastelero. Lo soy.

Con eso bastó para entender que no iba a ser de mucha utilidad al hablar, por lo que inspeccionó la oficina buscando lo que había causado el estado del castaño.

Su vista se detuvo en el escritorio de Ranpo, donde en un recipiente de plástico quedaba un solo muffin.

Le dio un vistazo a Dazai antes de caminar hacia el postre, asegurándose de que no le iba a pasar nada grave por quitarle la vista unos segundos.

Cuando llegó al recipiente notó que a simple vista no se miraba nada raro en el moffin, pero tratándose de Dazai todo podía ser una sorpresa.

En ese momento fue cuando notó otro detalle.

En el recipiente de plástico cabían seis muffin's pero solo había uno, ¿Dazai había ingerido cinco o no había comprado tantos muffin's?

Mientras inspeccionaba el recipiente recordó un detalle importante y dio un respingo antes de salir corriendo hacia Dazai.

—¡Dazai-san! ¿¡Y Ranpo-san!?

Solo entonces Dazai giró su cabeza y miró fijamente a Atsushi.

—Así que ya lo has notado.

Entonces Dazai se desplomó en el suelo.

Atsushi se agachó preocupado, pero solo encontró al castaño roncando.
El chico suspiró con alivio y miró de nuevo la oficina.

¿Dónde estaba Ranpo?

Un momento.

¿¡En dónde estaban todos!?

Corrió de nuevo hacia Kunikida pero era demasiado tarde, estaba inconsciente sobre el suelo. Fuera lo que fuera que estuviese pasando había sido suficiente para derrotar a Kunikida, al fuerte Kunikida.

Atsushi sintió un poco de miedo, pero el miedo nunca le impidió ser bienaventurado. Así que se levantó e inspeccionó una vez más toda la oficina.

En el escritorio de Kenji encontró el papel de uno de los moffins, así que se acercó ahí. Tomó el papel y lo miró detalladamente, pero no encontró nada más que un simple papel de muffin sucio.

Quiso ir hacia el escritorio de Tanizaki pero algo le impidió el paso.

Atsushi había pateado accidentalmente el brazo del pequeño Kenji.
El albino se hincó rápidamente y puso su oído en el pecho del niño, relajándose al oír el pulso de su corazón y el suave sonido que salía de sus labios. También notó que tenía resto de chocolate en ellos, sin duda Kenji había comido de los moffins de Dazai.

You'll also like

          

Acomodó el brazo de Kenji y le pidió disculpas antes de acercarse al escritorio de Tanizaki.
Ahí no encontró nada, así que volvió al de Ranpo.

Que quedara un muffin era muy mala señal, no era difícil saberlo.
Ranpo, el amante número uno de lo dulce, ¿había dejado sobrevivir un muffin?

Había una explicación para ello y Atsushi la iba a encontrar.

Decidido, Atsushi caminó hacia el consultorio de Yosano esperando encontrar respuestas ahí.

Abrió la puerta sin pensarlo, aunque normalmente tocaría primero.

No sabía que era más raro, si que todo estuviese ordenado cuando la oficina era un desastre de papeles revueltos, que Yosano estuviera escribiendo tranquilamente en su escritorio o que Ranpo mirara la pared con sumo detalle y con los ojos abiertos y sin lentes.

—Eh... ¿Yosano-sensei?—llamó dudoso, la extraña escena le había quitado la seguridad.

—Atsushi-kun, llegaste, pasa—habló la mujer con naturalidad, como si afuera de esas paredes no estuviera tres personas inconscientes y un desastre total.

El nombrado entró al consultorio médico a pasos inseguros, sin apartar la vista del Ranpo tieso.

—Yosano-sensei, ¿qué ha pasado?—preguntó cuando estuvo atrás de ella sin dejar de ver a Ranpo.

En ese momento Yosano por fin se giró.

—El tonto de Dazai le puso droga a los muffins, Kenji y Ranpo comieron de ellos—antes de que Atsushi dijera algo, la mujer continuó—. Digo, Kenji es el único lo suficientemente inocente como para comer algo que sea de Dazai. Y Ranpo es un goloso que ni siquiera le importa si el postre está alterado mientras sepa bien.

Atsushi notó que lo decía en voz alta como reproche al pelinegro sentado a unos cuantos metros. Obviamente Ranpo no contestó nada.

—Así que, Atsushi-kun, Kunikida es el que se encargó de cuidarlos. Todas las secretarias estaban en su descanso y por suerte y desgracia de Kunikida, Tanizaki iba con ellas.

El albino quería preguntar qué estaba haciendo ella pero sabía que era una pregunta peligrosa.

—Kunikida-san está inconsciente en la oficina—informó, sin saber qué más decir.

—Ah, ¿ya? Supongo entonces que los otros dos ya deben estar durmiendo.

Atsushi asintió y miró de nuevo a Ranpo.

—¿Cuánto tiempo tiene así?

—Unos diez minutos, probablemente ni sepa que está aquí.

No quiso hacer preguntas al respecto, pero estaba seguro que no le gustaría estar así.

Se despidió de la doctora y volvió a la oficina, alguien debía limpiar y acomodar los papeles que estaban por todas partes.

Poco después llegaron las secretarias y los Tanizaki y ayudaron a acomodar un poco.
Entre Atsushi y Jun'ichirō colocaron a Dazai y Kenji en los sillones, mientras que a Kunikida en una camilla en el consultorio.

Atsushi se deshizo del último muffin para evitar más accidentes.

Ahora solo quedaba esperar a que todos despertaran.
    
  
[🧁]
     

Atsushi estaba frente a Dazai con las manos en jarras.

El castaño debía admitir que se sentía algo intimidado, como cuando era adolescente y Chūya hacía lo mismo.

Pero Atsushi no lo golpearía, ¿cierto...?

Osamu sacudió la cabeza y se sentó, se estiró y soltó un bostezo completamente descarado.

Pedorros one-shots de Bungou Stray DogsWhere stories live. Discover now