Incendios de nieve

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Nᴏ ꜱᴇʀáꜱ ᴄᴀᴘᴀᴢ ᴅᴇ ᴏᴅɪᴀʀᴍᴇ,
Tᴀɴ ꜱóʟᴏ ϙᴜᴇʀíᴀ ɪʟᴜꜱᴛʀᴀʀ
Qᴜᴇ ϙᴜɪᴇʀᴏ ᴀʀʀɪᴇꜱɢᴀʀᴍᴇ ᴀ ᴄᴏɴᴏᴄᴇʀᴛᴇ
Pᴏʀϙᴜᴇ ᴇʟ ᴍɪᴇᴅᴏ ᴀʟ ғɪɴ ᴄᴀʏó, ᴀʟ ғɪɴ ᴄᴇᴅɪó.

[...]

Nᴏ ꜱᴇʀáꜱ ᴄᴀᴘᴀᴢ ᴅᴇ ᴏᴅɪᴀʀᴍᴇ,
Sɪ ʟᴏ ʜᴇ ᴇᴍᴘᴇᴏʀᴀᴅᴏ ᴀúɴ ᴍáꜱ
Qᴜᴇ ʙᴀᴊᴇɴ ᴛᴜꜱ ʟᴀʙɪᴏꜱ ʏ ᴍᴇ ᴄᴀʟʟᴇɴ,
Sɪɴᴏ ᴇᴍᴘᴇᴢᴀʀᴇᴍᴏꜱ ᴀ ꜱɪʟʙᴀʀ.

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— Pues no sé que piensas hacer con tu vida, Raoul. No te da la nota para enfermería.

— Me da igual. — Contesté, jugueteando con mi móvil entre las manos. — Estudiaré algo de filología hispánica y punto.

— ¿Pero cómo has pasado de dieces a esas notas en selectividad?

— ¡Y yo qué sé! — Mi mirada se posó en el rostro preocupado de mi madre, una cara que se me quedó guardada para siempre.— Qué más da eso ahora, déjame disfrutar el verano.

Me levanté de la cama y me dispuse a cambiarme de camiseta para salir a la calle.

— ¿Dónde vas?

— He quedado.

Contesté, rebuscando en la mesita el tabaco de liar para guárdarmelo disimuladamente en el bolsillo trasero del pantalón, junto a la Blackberry.

— ¿Con quién?

— Con Agoney. — Me encogí de hombros y me revolví cuando mi madre atrapó mi brazo. — Me dijisteis que si aprobaba podría hacer lo que quisiera. He cumplido, hacedlo vosotros.

— No entiendo qué narices te está pasando, Raoul.

Decidí callarme antes de explotar y salí de la habitación, dirigiéndome escaleras abajo, ignorando el pequeño empujón que se llevó Álvaro en el trayecto. Salí por la puerta y en cuanto estuve algo alejado de casa, respiré con paz, sentándome en un banco y liándome el cigarro, con la ayuda de las clases que me había dado Alfred en los últimos días.

— Hombre, Raoul.

El de las rastas se sentó a mi lado y por un momento me sobresalté, porque no entendía cómo narices había dado conmigo tan rápido.

— Hola, Alfred.

Alfred era catalán, se había mudado a Madrid hacía un año y en seguida se juntó a Agoney y su grupo. Adoraba el rock, las manifestaciones y las drogas, como todos ellos. Sin embargo, había algo en él que me provocaba un sentimiento de seguridad extremadamente agradable. No sabía si era su forma de sonreír, su cara tan expresiva o su manera de ver la vida, siempre mucho más positivo que el resto.

— ¿Qué tal? — Estiró el brazo hacia mí, y le pasé el tabaco y las boquillas para que se liara un cigarro. — No creas que te he seguido como un psicópata o algo de eso, eh.

Dejé escapar una carcajada antes de llevarme el piti a los labios y darle una calada. La destreza que había adquirido en las últimas semanas era sin dudas de admirar.

— Me dejas más tranquilo, la verdad. ¿Qué haces por aquí?

El catalán se encogió de hombros, mostrándome sus dientes en una amplia sonrisa mientras me devolvía el tabaco.

— Vine dando una vuelta porque tenía que pegar unos carteles. — Sacó de su mochila un papel que me pasó, sonriente. _ Esta noche hemos programado una concentración en frente de la comisaría. Vamos a protestar contra la homofobia.

1999 (o cómo generar incendios de nieve) | RagoneyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora