Capítulo 5 - ¿Zorro o Pomerano?

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¿Zorro o Pomerano?

"El beso es una forma de diálogo" ―George Sand



Aquella mañana del sábado Valentina supo que no podría conciliar el sueño después de despertar a las seis y treinta, de manera que se aseó, se colocó unos jeans, una camisa, un hoodie y salió al mercado.

Para ella, una buena manera de olvidar los problemas y malos recuerdos del pasado era buscándose algo que hacer, es por ello que antes del mediodía ya tenía todas sus tareas pendientes listas, como ordenar su pequeño departamento, cocinar y preparar su ropa para los siguientes días de trabajo. 

Después del almuerzo, aún sentada en la mesa del comedor con la vista perdida en las montañas del sur que se dibujaban más allá el pequeño balcón, Valentina supo que sería un largo fin de semana porque las horas, aunque constantes en el reloj, le parecían extenuantemente largas para su gusto.

«Necesito un poco de ese té»

Se dijo, recordando la propuesta de Dorothea; no le vendría nada mal conversar un poco ya que eventualmente el tiempo se le pasaría más rápido. Tomó sus llaves e igual que a primeras horas del día, dejó su departamento sin pensarlo dos veces. 

Para cuando reparó en sus acciones, ya se encontraba tocando el timbre de la puerta de su vecina.

¡Ya voy! ¡Un momento! ―escuchó que decía la señora con voz apagada del otro lado, el murmullo de unos pasos y algunos objetos siendo arrastrados fueron la antesala antes de que la puerta se abriera― Oh, pero si eres tu mi niña ¿cómo estás hoy? 

― Muy bien ¿Y usted? ―saludó Valentina cordial con una sonrisa, alzando un envase plástico al frente― Le he traído un pay de chocolate con almendras que preparé esta mañana. 

― Muy bien, muy bien. ¡Pero qué maravilla! ―advirtió tomando el obsequio dulce que le daba la fotógrafa― Pero ¿Dónde están mis modales? Pasa, pasa; te prepararé un poco de té negro y lo acompañaremos con este delicioso pay.  

Valentina la observó perderse dentro del departamento sosteniéndose de su bastón negro con una mano, ese día la señora llevaba un hermoso vestido azul ultramar que le llegaba por los talones y una pashmina rojo bermellón a juego sobre los hombros, después la siguió cerrando la puerta detrás de sí. 

No era la primera vez que entraba allí, pero siempre que iba de visita la sensación de estar dentro de un vivero la invadía. Desde el pasillo que conducía a la sala hasta los cuartos se encontraba repleto de múltiples especies de plantas, desde las más pequeñas hasta las más grandes que llegaban al techo, en porrones, macetas colgantes y repisas.  

Era impresionante y llamativo al mismo tiempo, y en más de una ocasión era necesario ver dos veces el mismo lugar para notar el mobiliario entre tantos matices de verde.  

Con la suavidad bajo sus pisadas, sintiendo la alfombra de pasto que cubría todo el suelo y varios helechos rozándole el cabello y los hombros, se abrió paso hasta la sala.

― Veo que tiene un nuevo sistema de riego ―observó, detallado varias líneas de tubos que se conectaban unos encima de los otros en la pared, todos con agujeros equidistantes llenos de plantas pequeñas. 

― Tienes razón ―Dorothea avanzó hasta su lado con el ritmo que la caracterizaba― Es un sistema hidropónico, el agua con nutrientes circula por las tuberías y alimenta a los retoños en un ciclo constante, así no tengo que regalas a cada rato. Es muy tedioso. 

AntebelluM - 30 Seconds to MarsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora