Capítulo 10 {EDITADO: 20-11}

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ADVERTENCIA:

ESTE CAPÍTULO CONTIENE VIOLENCIA EXPLÍCITA. SI ERES DE ESTÓMAGO SENSIBLE

¡¡¡¡NO LO LEAS!!!!

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Capítulo 10

27 de marzo del 2002

13:00

—¡Mira primo! Otro pájaro.

Ajusto los prismáticos y lo veo posado en un árbol, es pequeño y de color negro con el pecho rojizo.

—¿Qué tipo de pájaro es?

—Un colirrojo.

—¡Uau, sí que sabes de pájaros!

—Pronto te los enseñaran en el colegio.

Oigo algo a mi derecha, llevo oyéndolo unos cinco minutos. ¿Qué demonios es eso? Es una discusión. Me muevo lo más sigiloso que puedo.

—¡Shh! Quédate aquí y si ves algo raro llama al 911. ¿Vale?

—Vale —dice el niño, con cara de asustado.

Veo a una mujer llorando mientras varios hombres la emprenden con ella a insultos, la gente sigue corriendo ajenos a las barbaridades que le dicen. Mi sangre hierve cuando la obligan a agacharse y pedir perdón por noséqué. ¡Debo hacer algo ya!

—Eh, gilipollas.

«Por favor, que no lleven pistola», pienso mientras mi corazón se acelera. Uno de ellos lleva algo en la mano, es verde y ondea al viento. Un hombre mayor se queda mirándolos, pero no hace nada.

—Haga algo o váyase —le digo al viejo mientras noto que mis mejillas arden de rabia.

—¿Qué coño te pasa, moro de mierda?

—Dejad a la chica en paz, no os ha hecho nada malo.

—¿No? Mi padre murió allí —señala al Trade—, todos los putos moros tenéis la culpa de lo que pasó.

La mujer me mira con los ojos llorosos, tiene los ojos negros igual que el pelo y la piel mucho más clara que la mía.

—Iros de aquí.

—¿O si no qué?

—Piraros de aquí, no lo repito más veces.

—¿O qué, Gigante?

Aunque sea bastante rápido no tengo buenos reflejos, no he visto venir hacia a mí una porra extensible y... me... mareo. Noto como algo me baja por la espalda, está caliente... creo que es sangre. Le doy un golpe con la mano plana al idiota que tengo en frente y suena un audible «crack». Un hombre grita que va a llamar a la policía y saca su teléfono móvil. El chico se agarra la nariz mientras la sangre le baja por la mano.

—Te vas a enterar, hijoputa —Dice uno que está detrás de mí, sacando otra vara, no puedo verlo pero he oído el chasquido al descorrerla.

Tengo que pensar en otra cosa rápido. ¡Lo tengo! Concentro toda la fuerza de mi pierna y la llevo hacia atrás lo más rápido que puedo, dándole en ese sitio que duele tanto... sí, en plenos cojones.

El tío grita y se cae al suelo como un fardo de paja.

El que me dio el golpe con la vara en la espalda intenta ayudar al de la nariz rota y al de los huevos rotos pero varios chicos le agarran de los brazos para evitar que se vayan. En menos de dos minutos vienen corriendo dos policías.

[1] Memorias de un superviviente ©2022Donde viven las historias. Descúbrelo ahora