Capítulo 14 {EDITADO: 20-11}

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Capítulo 14

11 de mayo del 2002

18:46

¿En serio este es mi fin? ¿De verdad este va a ser el final de mi vida? No, es el comienzo de la nueva. Son las seis y cuarenta y seis de la tarde y estoy aquí, celebrando con mi madre y Marizza la increíble indemnización que me han dado: ciento veinte mil dólares y mi nuevo nombre ya se hizo oficial en el diario, Walîd Atta-Wallace y que me voy mañana a mi nuevo país: Serbia.

Pensé que lo de Louis me iba a doler más pero no, lo que me preocupa mucho es que mi querido tío Ahmed, durante una vista al hospital por un posible infarto se escapó del mismo y nadie sabe dónde está... Sí, otra vez. Además le contó a los policías que yo le había agredido y ellos casi me lo agradecieron. Me amenazó de muerte, como no.

Me llevo la mano hacia la oreja, después de la muerte de Louis Lafontaine, que le produje yo, y a mucha honra, decidí que cambiaría mi apariencia y me puse cinco pendientes en la izquierda. El último que me hice, antes de ayer fue en la derecha y pica mucho. Tendré que desinfectarlo en profundidad cuando llegue a casa.

El pelo me creció bien por el lado derecho y por ello llevo el lado izquierdo casi rapado, debo admitir que el peinado me queda genial, pero como dicen Marizza y mi madre, es un poco gótico. Mi madre pide las bebidas en la barra y yo intento sentarme a la mesa. Marizza ríe cuando se mueve debido a mis piernas y las saco por fuera... ¡qué placer más grande!

Repaso mentalmente lo que debo de hacer cuando llegue a casa, pensaba que esto no me iba a costar tanto pero no puedo evitar suspirar. Echaré mucho de menos a Marizza y su precioso acento italiano. En la televisión está hablando Bush, menudo gilipollas.

—Míralo, es que es para pegarle una patada en el culo —digo.

—Es un gilipollas redomado de eso no hay ninguna duda —dice un hombre que está sentado en la mesa de al lado— Andy McWright. Perdón si te molesto pero, ¿trabajabas en el Trade?

—Si, en Lehman Brothers ¿y usted?

—En la Sur, en Fuji Bank. La gripe me salvó la vida. Me acuerdo que, cuando trabajabas en la Sur, siempre me pregunté por qué bajabas por las escaleras pero ahora lo entiendo —ríe.

No suelo bajar en ascensor porque toco el techo con la cabeza, así que prefiero hacerlo por las escaleras si es un piso bajo y en la torre Sur trabajaba en el 16.

—Bush tuvo una buena excusa para invadir un país con petróleo, el tío es un genio —dice bajando la voz—. A lo mejor dentro de unos años sale a la luz que fue él quien las mandó a tomar por culo.

—¡Andrew! —Le riñe la mujer.

—Perdón —susurra él.

—Es un idiota, pero no lo veo orquestando algo así —dice Marizza.

—¿Y sabéis lo peor? Que la gente volverá a votarle porque cree que ha hecho algo bueno. Invadir un país no es algo bueno —comenta el hombre.

Norteamérica es un país que nunca cambiará. Antes pensaba que era el mejor país del mundo, pero durante estos meses he podido observar que está infestado de mala gente que cuando pasa algo se tira a la yugular de lo que sea diferente. No merece la pena vivir aquí. Además hay que pagar por cosas tan básicas como la sanidad, ¿y esto es lo que llaman el primer mundo? Mis días aquí se han acabado y creo que no pisaré más esta tierra. Aquí lo he tenido todo pero me lo ha vuelto a quitar.

—¿Has hablado con Kevin? —Le pregunto a Marizza.

—Sí, su vuelo salió a las ocho de la mañana. Me dijo que no te guarda rencor pero que le sentó muy mal lo que le dijiste.

[1] Memorias de un superviviente ©2022Donde viven las historias. Descúbrelo ahora