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Los relojes anoche detuve.

Más un silencio en alto lloré.

Un bello poema compuse.

Y a los poetas arrodillé.


El Ron a una copa invitó.

Y, entre lágrimas, le recité

la lectura en braille

de sus besos sobre mi piel.


Anoche nuestra historia parecía

lejana,

perdida,

olvidada,

confiada.


Lejana pero confiada...


porque, a pesar de mi pesar,

yo soy la única dueña de mis poemas.

· Floreceré y te pareceré poesía ·Donde viven las historias. Descúbrelo ahora