Capítulo 1

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—Vale, está bien, no te preocupes, luego repasamos la pronunciación.

Jonás asintió poco convencido al mismo tiempo que se preparaba para recitar en voz alta la siguiente oración que había escrito unos momentos antes. Sin embargo, no pudo hacerlo porque Raoul volvió a interrumpir por enésima vez en esa tarde.

—¿Cómo va a estar bien, Agoney? —gritó desde la habitación de al lado— ¿Piensas ir tú al examen de traductor? Tiene que pronunciarlo correctamente.

—¡He dicho que luego lo mirábamos! —exclamó a su vez Ago.

—Lo dejas todo para luego, así no se aprende porque va a tener costumbres raras.

—¿Qué costumbres? —respondió Ago mirando al cielo—. Ni que llevara pronunciando mal siete años. ¡Si es la primera vez que habla inglés!

Jonás se frotó la frente, harto ya del inglés y de las continuas peleas de Ago y Raoul en cada clase. Llevaba más o menos tres semanas estudiando el examen de acceso al grado superior de FP que tenía que aprobar en junio si quería empezar a estudiar para ser técnico en Educación Infantil y, después de los primeros días de interminables conversaciones de motivación y subida de autoestima por parte de la pareja, cada hora en la que se ponía delante de los libros había pasado a convertirse en un calvario.

—Lo hago fatal, ¿no? —le preguntó a Ago arrugando la nariz.

Este, sentado junto a él en la mesa de estudio que habían comprado un mes antes, echó una furibunda mirada a la puerta, como si así pudiera fulminar a su novio, para girarse nuevamente hacia Jonás.

—Lo haces bien, es difícil para alguien que no ha practicado inglés nunca.

—Agoney... —se escuchó de fondo, en un tono que dejaba bastante claro lo que opinaba Raoul del asunto.

—Espera un segundo, Jonás. —Sin lugar a dudas, esa fue la gota que colmó el vaso de Agoney porque, soltando de un golpe el bolígrafo que tenía en la mano, se levantó de la silla y, en un par de zancadas, llegó hasta la puerta para señalar a Raoul, quien supuestamente se encontraba doblando la ropa limpia en el cuarto de Guille—. Tú, baja abajo ahora mismo.

—¿Me vas a regañar? —oyó Jonás decir a Raoul en un tono bastante incrédulo.

—¡Baja!

El pie de Ago repiqueteaba en el suelo sin cesar cuando su novio apareció con una sonrisa satisfecha en el salón. Desde luego, si Raoul estaba preocupado por el ceño de Agoney o por sus brazos en jarras, no lo demostraba.

—Una buena autoestima es fundamental para que haya un buen proceso de aprendizaje —comenzó Ago sin darle tiempo a decir nada.

Raoul, que ya se sabía muy bien las disculpas de Agoney para todas sus actuaciones con Jonás, le replicó al segundo:

—Ya, pero la sobreprotección es pésima para un proceso de aprendizaje.

Esas palabras fueron las que acabaron finalmente con la paciencia de Agoney.

—¡No es sobreprotección! —bufó.

—¡Esa frase no tenía verbo!

—¡Ya lo aprenderá!

—¿En qué año, moreno? —ironizó Raoul y no supo la suerte que acababa de tener porque Ago no tuviera nada que estamparle en la cabeza.

—Vas a dormir en el sofá como sigas tan idiota.

—Creerás que me importa —le retó, pero no pudo decir nada más porque una voz alta y clara sonó en el salón.

—Vosotros dos.

LO QUE ERESWhere stories live. Discover now